El acoso escolar y las herramientas de la Mediación

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Post I. Tratamiento y prevención del bullying o acoso escolar en el espacio educativo.

colaboración

Rosa Chover

Cuando me propuse estudiar qué técnicas de intervención se utilizaban en España para combatir el acoso escolar, me di cuenta de que hablamos mucho de la prevención, pero muy poco de la intervención directa.

Si echamos un vistazo a los manuales elaborados por las escuelas y por los diversos departamentos de enseñanza de las múltiples Comunidades Autónomas, las palabras que más aparecen son “procedimiento sancionador“, “expediente sancionador“, “tolerancia cero“, “expediente disciplinario“, “expulsión/suspensión“… y así podría seguir.

Ante un posible caso de acoso, se abren expedientes, se hacen interrogatorios, se convoca a padres e hijos, se informa a las autoridades inspectoras o a los fiscales, y así entramos en una retahíla de trámites y pruebas quizá necesarios pero que, sin embargo, no inciden demasiado en la relación entre los menores implicados, tanto si son víctimas como si son acosadores.

En una cosa coinciden todos los coordinadores que he entrevistado y que es de cajón: lo primero de todo es parar el acoso y proteger a la víctima. Hasta ahí estamos de acuerdo. Sin embargo, el siguiente paso que se dé será crucial para la convivencia de todos y todas en la comunidad educativa, y de ello va a depender cómo les enseñemos a los niños a solucionar sus problemas.

El enfoque más activo en España sigue siendo el disciplinario: abro expediente sancionador, recabo pruebas y castigo a los culpables. Pero este enfoque tiene lapsus evidentes, que son los que nos conducen al fracaso frecuente en la detección de casos y en su intervención satisfactoria. Lo primero: las pruebas no siempre son evidentes y mucho menos visibles para los adultos. El acoso sucede cuando nadie me ve, en los pasillos, en los lavabos, en un rincón poco iluminado, o bien es subliminal, o bien es simplemente exclusivo. El hecho de que un niño o niña esté excluido de los juegos del grupo o se le menosprecie verbalmente es difícilmente cuantificable en término de daños, ni tampoco afecta por igual a unos o a otros.

Por otra parte, en caso de que las pruebas sí puedan recabarse y los culpables ser castigados, la famosa ‘tolerancia cero’ que proclaman los centros educativos, ¿qué conseguimos? ¿Qué se sepa que aquí no toleramos este tipo de actitudes? ¿Qué somos firmes y que no pasaremos ni una? Bien. Pero no podemos desconocer los riesgos del método puramente disciplinario. El castigo podrán ser tres días o más de expulsión, pero ese alumno o alumnos castigados, volverán al centro antes o después, y se encontrarán con la víctima, que para ellos será el culpable directo de su castigo, por lo que quizá lo que estamos consiguiendo sea: que el acoso se haga más invisible, y que se haga más tenaz porque ahora sí tienen una causa para su persecución –la víctima les ha denunciado-. También pudiera tratarse de una expulsión definitiva del centro, pero ¿desde cuándo apartar a un sujeto de un núcleo social –y ponerlo en otro- lo hace menos dañino?. Sólo estaremos trasladando el problema de sitio.

En cuanto a la víctima, quizá ahora tenga más miedo que antes. Según de qué edad estemos hablando, el grupito de acosadores puede estar a la puerta del colegio, por no hablar de ponerle puertas al campo de internet y las redes sociales.

Todas estas razones me llevaron a pensar que tiene que haber algo más que podamos hacer para combatir el acoso escolar. Los anglosajones lo tienen mucho más estudiado que nosotros, quizá porque sus míticos internados les han provocado situaciones mucho más duras que las nuestras y les han llevado a investigar los métodos de intervención mucho antes que a nosotros. A este respecto, recomiendo la lectura del libro de Ken Rigby, Bullying Interventions in Schools: Six Basic Approaches, donde hace un magnífico resumen y crítica de los que él considera los 6 enfoques básicos para atacar de modo directo el acoso escolar: el enfoque disciplinario, el refuerzo de la víctima en habilidades sociales, la mediación, la justicia restaurativa, el Grupo de Soporte o Support Group Method, y el Método de Anatol Pikas o Shared Concern. Lamentable e inexplicablemente, este manual, que debería ser básico en las escuelas, no está en castellano.

A continuación, voy a describir brevemente tres experiencias prácticas que he podido encontrar en España y fuera de nuestro país, y que me parecen interesantes porque buscan los objetivos que buscamos en la mediación transformativa: empoderamiento, reconocimiento y transformación de las partes.

En este primer post adelantaré la experiencia del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universitat de Barcelona, dejando las otras dos experiencias para un próximo post, que se publicará también en A Mediar.

a. TEI (TUTORÍA ENTRE IGUALES): Programa de Convivencia Escolar y Prevención de la Violencia[1]

El programa TEI es una estrategia educativa diseñada para la convivencia escolar, surgido en el grupo del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universitat de Barcelona). Implica a toda la comunidad educativa y tiene como objetivos:

  • modificar el clima del centro frente a la violencia
  • facilitar el proceso de integración de nuevos alumnos en el centro
  • tener un referente (tutor-a) para cada tutorizado, entre los propios alumnos: facilita y favorece la participación de los alumnos en el funcionamiento del centro, y por tanto les empodera y les responsabiliza
  • compensar el desequilibrio de fuerzas agresor-víctima, desde una perspectiva preventiva disuasoria, y
  • cohesionar la comunidad educativa en un objetivo común: la tolerancia cero como rasgo de identidad

Basado en la filosofía de que un niño antes contará a otro niño lo que le está pasando que a un adulto profesor. Y no sólo eso, sino que los niños tienen ojos donde los mayores no tenemos. Un alumno, si está atento, puede detectar situaciones que muchas veces a un profesor se le escapan o se le ocultan. Un niño aislado y sin amigos en el patio, comportamientos anómalos, actitudes, etc. Las tutorías se imparten también a nivel de clase, de modo que el aula entera comienza a comprender, de primera mano y con profesores formados previamente, lo que es el bullying, lo que no lo es y los efectos que puede producir entre sus compañeros (charlas, videos, canciones, cuentos). La finalidad, o una de ellas, es que los abusadores queden aislados en sus comportamientos, y no las víctimas. Que sus bromas dejen de ser graciosas y secundadas por el resto del aula, porque ahora ya todos saben que el bullying se hace para hacer daño y hace daño.

¿En qué consiste?

El TEI forma a alumnos de 5º de Primaria para ser tutores de los alumnos de 3º de Primaria, y a su vez forma a alumnos de 3º de ESO para ser tutores de los alumnos de 1º de ESO. La formación de tutores es absolutamente voluntaria, y las asignaciones de qué alumnos tutorizarán a qué otros depende de los profesores del centro. Para ser implantado, el proyecto pasa por varias fases, con una duración de 1 año (implantación) y otro año más de seguimiento (resolución de dudas, consultas, etc.). Se basa en varias premisas:

  • El TEI no interviene sobre las personas, sino sobre las conductas. El bullying tiene varios intervinientes esenciales: la víctima, el agresor y el/los espectadores
  • El TEI empodera al grupo para convertir las conductas de los agresores en negativas de cara al grupo.
  • El tutor es voluntario y no es el guardaespaldas del tutorizado. Si se resuelve el conflicto empleando algún tipo de violencia, el tutor sale del programa. La única forma de resolver conflictos en TEI es con diálogo.
  • El TEI no está para enseñar, sino para sensibilizar.
  • Lo que nos interesa en el TEI es lo que pasa en el grupo clase, no lo que pase fuera, ni siquiera en el resto del centro, porque ya se extenderá.
  • Qué puede hacer la víctima: ¿ignorar el acoso? ¡No! ¿Denunciar? ¡Sí! Hay que romper la cadena de silencio.
  • El TEI interviene en la primera fase del conflicto: el tutor que observa una conducta negativa de otro alumno hacia su tutorizado, interviene frente al acosador (dos años menor que él).

Segunda fase: si la primera fase no ha funcionado, el tutor de la víctima hablará en una segunda fase con el tutor del agresor, para que sea éste quien hable con el agresor.

Tercera fase: si aún y así todo eso no ha funcionado, derivarán al coordinador del centro. En este caso, el conflicto ha escalado demasiado y ya no pueden resolverlo los alumnos.

El TEI está implantado en más de 280 colegios en España, tanto públicos como privados y/o concertados, y en palabras de su ideólogo González Bellido, es el más eficaz sistema preventivo actualmente en funcionamiento. Es un enfoque esencialmente preventivo y global o universal. . . ///. . . Seguir leyendo 

Por Rosa Chover, abogada y mediadora. @Manuelasecret

[1] González Bellido, A. (2014), http://www.noalacoso.org/TEI.pdf

 

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Rosa Chover
Mediadora profesional y asesora jurídica. Especialista en resolución de conflictos. Ambitos de actuación: familia, escuela, vecinos, empresa. Asesoría en procesos de búsqueda de orígenes (casos de adopción nacional e internacional). Idiomas: castellano, catalán, inglés, francés e italiano.
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