Evitar conflictos durante los viajes de vacaciones

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5 consejos básicos para evitar conflictos durante los viajes de vacaciones

palabra mediación

Reflexiones estivales de una mediadora. Imagen de Nerja by Tomás Prieto

Los Conflictos están en todas partes y en cualquier momento

Como cualquier actividad que no se realice en solitario, y por muchas ganas que tengamos y lo bonito que sea el sitio que vayamos a visitar. Hacer un viaje puede convertirse en una situación perfecta para que surjan los conflictos y resultar más parecido a un campo de batalla lleno de reproches.

colaboradora

Marta Lanza Abogada y Mediadora

Sin embargo, no tenemos porqué renunciar a esas vacaciones que esperamos que resulten una experiencia maravillosa e inolvidable,

. . .si adoptamos previamente unas pautas que puedan servirnos como base para mejorar la comunicación y la adopción de acuerdos y decisiones durante nuestras vacaciones.

Dejando de lado los posibles problemas ajenos a los propios viajeros (mal tiempo, incumplimiento de las condiciones del viaje pactadas, accidentes y otros posibles imprevistos), uno de los principales motivos de conflicto durante un viaje son los propios viajeros. Problemas que, como veremos, en la mayoría de las ocasiones se pueden prever y evitar con una correcta comunicación y estando dispuestos a llegar a unos acuerdos mínimos que faciliten la armonía entre todos los participantes en el viaje.

Para ello, solo deberemos de asegurarnos de tratar de seguir estos sencillos 5 consejos.

Empecemos.

1. Hay que tener claro el tipo de viaje que se va a organizar o al que te has incorporado, no el viaje que tú te has imaginado que harás.

No es lo mismo un viaje de vacaciones que uno de trabajo. Vamos a dejar de lado estos últimos porque en ellos, en realidad, hay poco que podamos acordar (suele haber poco tiempo libre fuera del programa de trabajo, por lo que los acompañantes deben amoldarse o plantearse no ir si no quieren hacer sus propios planes). Ahora nos centraremos en los que hagamos “por placer”, ya sean familiares, de descanso, o para vivir experiencias nuevas, ya que en estos siempre tendrán un mayor margen para adaptarlos y precisamente por eso es más posible que surjan conflictos.

Por eso es importante saber de qué tipo de viaje se va a tratar, y no solo el destino sin indagar más, ya que este desconocimiento puede acabar provocando decepciones al llegar al destino.

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2. No viajas solo, así que todos deberían de hacer algo que les guste.

Hay gente que prefiere tener todo preparado antes de viajar

. . . y otros que prefieren improvisar cada día, pero incluso en este caso es necesario, y más que recomendable, que nos sentemos antes para saber qué expectativas tiene cada persona del grupo y que no haya sorpresas inesperadas por el tipo de actividades que se quieran desarrollar una vez que ya estemos en el destino. Puede suponer que el viaje que cada uno de los participantes se haya imaginado antes de ir sea muy diferente del resto, hasta tal punto que choquen o sean incompatibles, sea porque alguno se sienta “arrastrado” a hacer solo lo que les apetece a otros, sea por lo contrario, si alguno hace sus propios planes y va y viene sin contar con el resto.

Una vez que se tiene claro el tipo de viaje que se hará

(Turismo de museos, sol y playa, actividades deportivas…) todos los que participen en el viaje deberían poder proponer sus “imprescindibles” (aquellas cosas que quieren ver o hacer para que el viaje sea “su viaje”). Y si no los tiene (puede tener muchas ideas, pero ser perfectamente feliz haciendo cualquiera de ellas), al menos tener la posibilidad de dar sugerencias y dar su opinión sincera sobre los imprescindibles y las sugerencias que propongan los demás. En general, solo con esto ya tendríamos organizado un viaje inolvidable para todos, pero no hay que plantearlo como una votación, es decir, que se vaya a hacer lo que decida la mayoría y lo que no salga elegido se queda fuera.

Si de verdad queremos evitar conflictos,

. . .debemos asegurarnos de que todos puedan hacer al menos alguno de sus imprescindibles, por lo que en ocasiones (en función del número de días que estemos de viaje o de los que seamos) puede que no se pueda si tiene que hacerse todo en grupo. Si esto sucede, es una buena idea incluir un día libre, o el tiempo que se considere necesario, para que cada uno pueda decidir lo que hacer sin necesidad de que lo haga con el resto de integrantes.

3. Y es que nadie debería estar obligado a hacer algo que realmente no quiera.

Al igual que hay imprescindibles en positivo, nadie debería sentirse obligado a hacer nada que realmente no quiera hacer, por lo que es necesario crear un clima de diálogo abierto que permita a todos los viajeros hablar con sinceridad cuando haya una propuesta que no les guste (aunque se trate del imprescindible de otro). No significa que, con esta negativa vete las actividades que vaya a hacer el resto del grupo, pero tampoco que si realmente hay algo en lo que no quiera participar, tenga que hacerlo obligado o por no querer ir en contra del resto.

En general es más fácil plantear la negativa

. . .cuando se trata de actividades especiales que tampoco haríamos en nuestra vida normal (como por ejemplo nadar entre tiburones, pasear por un glaciar o hacer puenting), pero se debe dejar claro que si alguien tiene dudas o no quiere hacer alguna de las propuestas, puede expresarse y, si el resto del grupo quiere hacerlo, no estará obligado a unirse y se tendrá en cuenta a la hora de organizar el viaje.

Mención aparte tienen las obligaciones

Nos acompañan también durante las vacaciones tales como hacer las tareas del hogar cuando nos alojamos en un apartamento, cuidar de nuestros hijos o repartir los gastos. No es aconsejable asumir que si existe un acuerdo “en casa”, este tendrá que emplearse de igual manera durante las vacaciones, sobre todo si alguno “se libra” de alguna de las tareas que normalmente haría, pero algún otro viajero no (algo habitual cuando se viaja con la pareja o la familia). Nadie está en su casa ni haciendo sus actividades normales por lo que es importante asegurarse de no dar por supuesto el reparto de obligaciones de nuestra vida normal por si hay que redefinirlas durante las vacaciones.

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4. Si alguien se queda solo para hacer alguna actividad o no hace la del resto del grupo, hay que asegurarse de que no se sienta “abandonado”.

Habiendo dejado claro ya que no es obligatorio que se hagan todas las actividades juntos, lo cierto es que si se viaja en compañía es porque se quiere pasar tiempo con ese grupo de personas, pero puede pasar que alguno de ellos, aun estando conforme con el tipo de viaje que se organiza (consejo 1) plantee unos imprescindibles que no son del gusto del resto del grupo (consejo 2) y/o no quiere hacer los de los demás (consejo 3).

Cuando esto sucede,

. . .existen muchas posibilidades de que, si no se afronta el conflicto durante la organización, lo más probable es que en algún momento del viaje se convierta en un problema que genere conflictos, por lo que lo mejor es encararlo cuanto antes y dedicar un tiempo a repasar las actividades que se pretenden realizar durante el viaje. Especialmente si hay imprescindibles que la persona que los ha planteado se ha quedado sola para hacerlos.

Un buen sistema es que,

. . .al igual que algunas personas tuvieron que explicar que había ciertas actividades que no se querían hacer, ahora sea el resto el que explique porqué no quiere hacer ese imprescindible. Y es que, muchas veces, en realidad no existe una razón más allá del “me gustaba más esta otra alternativa” o “era lo que votó la mayoría”. En ese caso debemos regresar al consejo 2 y recordar que no viajamos solos y esforzarnos para que todos hagan algo que realmente les guste, sobre todo si esa persona ha aceptado hacer las demás actividades de grupo. El resto de los viajeros debería tener todo esto en cuenta.

5. Aunque siempre debe haber un margen de improvisación los cambios han de ser consensuados.

No es lo mismo que no se pueda hacer una actividad porque es materialmente imposible (por mal tiempo, porque están en obras o cualquier otra causa externa que nos lo impida) que porque haya surgido algo nuevo que una parte ha creído más interesante (y más si con eso no se hace un imprescindible). Si hemos sido capaces de llegar a acuerdos antes del viaje, la presión del grupo o una política de hechos consumados no pueden convertirse en nuestra manera de “reorganizar” las vacaciones sobre la marcha.

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La necesidad de tomar decisiones

. . .más rápido no puede ser la excusa para imponer nuestro criterio y romper con los pasos anteriores e incluso caer en la paradoja de Abilene, de tal manera que se acabe haciendo algo que no se quiere hacer solo porque se piense que los demás sí. Tratar de evitar conflictos no puede tampoco significar caer en el sesgo contrario y que acabemos haciendo cosas que, en realidad, preferiríamos no hacer.

Al final, todos estos consejos podrían resumirse en que hay que incentivar la comunicación entre los viajeros y aceptar que, aunque vayamos en grupo, no tenemos porqué hacer todo juntos.

Y siguiendo estos consejos conseguiremos al fin esas vacaciones exentas de conflictos con las que habíamos soñado.

 

Marta Lanza es Abogada Administrativista y Mediadora @M_Lanza

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Tomás Prieto
Servicios de Mediación Familiar, Social, Civil y Mercantil es un gabinete de Gestión de Conflictos que pretende consolidarse en Granada como uno de los primeros gabinetes multidisciplinares en Mediación. También en . y escribo El Mirador. Director de Contenidos en Logic Cost Abogados
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