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“A todas las personas que sufren o han sufrido la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, y muy especialmente a mi madre y hermanos, que la sufrimos durante años de forma arbitraria y constante.”

¿Somos agresivos o violentos? ¿Es la violencia viable? ¿Qué componentes tiene la violencia? ¿Cómo se manifiesta? Estas son algunas de las preguntas que desde niño me he hecho con la intención de obtener alguna respuesta. Y es que la violencia no es ni debe ser el camino, aunque en algún momento pueda estar legitimada. En ese sentido sería algo parecido al Derecho Penal, que debe ser la última ratio, cuando todo lo demás ha fallado y aun así, causa sufrimiento.

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Rafa Santiago Psicopatólogo Forense y Criminólogo

Voy a defender la tesis que violencia y agresividad no son la misma cosa, aunque para la mayoría de las persona si pueda serlo. Las personas como el resto de los animales nos encontramos sometidos a un proceso de selección natural. Es fácil entender que en los albores del mundo y de la vida, dicha selección ejercía su presión exclusivamente sobre nuestra biología. Ya que entonces lo realmente importante era la supremacía sobre los competidores de alimento, sexo, etc, y con ello la supervivencia a través de la descendencia.  Dicho de otra manera, la ventaja que a algunos organismos les otorgaba esa biología concreta, ese carácter, esa cualidad que le hacía más rápido y fuerte, que inmortalizaría en sus descendientes a través de la reproducción sexual. En esas circunstancias el comportamiento agresivo es un rasgo útil, un instinto seleccionado por la naturaleza en esa continua lucha por sobrevivir y claramente adaptativo, por ejemplo a la hora de defender la comida, la prole, etc.

Paralelamente, la violencia es un comportamiento instrumental o dicho vulgarmente es un comportamiento “aprendido” y reforzado en el organismo, y con un claro objetivo no instintivo, sino asociado a ese cambio que queremos producir, de ahí lo de instrumental.  El llamado Darwinismo social, nos dice que el organismo que presente un comportamiento violento, sería el mejor adaptado y por tanto dejaría tras de sí más descendencia, con ese mismo carácter. Pero por otro lado, el hombre es un animal social, y la misma selección natural nos muestra que las sociedades más altruistas, que se ayudan unas a otras, son las que sobreviven. Por tanto, los humanos somos agresivos y altruistas, al mismo tiempo y por naturaleza, eso del hombre es un lobo para el hombre de Tomás Hobbe, sería cierto solo a medias, desde el punto de vista de que los lobos son un ejemplo de trabajo en equipo.  Por tanto, la violencia sería otra cosa, ya que se separaría claramente, por exceso, de los objetivos buscados al  poner en marcha la conducta. Además por si fuera poco, decir que tampoco siguen las mismas conexiones y vías nerviosas. Y esas vías se pueden ver reforzadas, menguadas y/o reformadas, mientras que los instintos elicitan una sola respuesta y sus vías nerviosas son inmodificables, otra cosa es que deje de ser importante dicho instinto por haberse “socializado”.

Hace ya muchos años la sufrimos en mi casa de forma habitual, arbitraria y sin ninguna señal que te sirviera de aviso, o zona en la que sentirte seguro. Ya que no respondía, ni responde a ninguna razón concreta, ni ninguna lógica que no sea la suya propia.

Ya en 1975 un prestigioso autor, Seligman,  creó el modelo y posteriormente la teoría de la indefensión aprendida, donde  tal situación es producida por el aprendizaje de que las respuestas y el reforzamiento son independientes. Este modelo tan importante, para intentar explicar el estado depresivo, sin embargo se me antoja mucho más potente  para el tema que nos ocupa, ya que nos está diciendo que la sensación, el pensamiento que puede tener esa persona que sufre la violencia, no es otra cosa que cualquier acción es inútil. Como consecuencia, de esa situación, y como defensa contra ese estado de atonía, ese sentimiento de vacío que recorre el ser por entero, el cual para no caer en la locura total busca una causa, una explicación, una culpa donde realmente no la hay. En cierta ocasión, una mujer maltratada por su marido me comentó: “es que la culpa muchas veces la tengo yo”; yo le comenté que ella no podía ser la responsable de haber recibido una brutal paliza y seguidamente le volví a preguntar, ¿por ejemplo ahora, por qué ha sido?, a lo que ella contestó: “porque la comida estaba fría”, yo al escucharla le vuelvo a preguntar, ¿y entonces que hiciste?, “pues que voy a hacer, calentarla”. Ese y no otro sería el objetivo último de esa historia de palizas y maltratos, trasladar hacia ella el sentimiento de culpa, y por tanto hacerle creer realmente que era la responsable de tal comportamiento. Ese “control”, permanente a través del terror, es el verdadero botín de ese comportamiento violento, y lo que es más sorprendente y eficaz todavía, ni siquiera es necesaria la presencia física del victimario. Y sus consecuencias pueden llegar a ser devastadoras, el terror de pasar unos segundos suspendido entre la vida y la muerte no desaparecen, han quedado químicamente enterrados en nuestros recuerdos. Imposibles de borrar, son muy fácilmente “reavivables. (Niehoff, 2000).  Poniendo de manifiesto  el hecho que supone que las respuestas emocionales pueden ser superadas, base a priori, suficiente a mi juicio para explicar el trastorno por estrés post-traumático.

En consecuencia, según tenemos la cuestión en estos momentos, la estructura de la violencia sería circular, entre biología, conducta y entorno. El entorno no puede ser sustraído del cuerpo y la función del cerebro no puede ni tiene explicación fuera de ese entorno. Y por tanto, creer como algunos afirman que son los factores sociales, escrupulosamente separados de la unión con la conducta y esta con el cerebro, sería un enfoque tan desacertado, como creer que la violencia puede ser explicada exclusivamente a través de los genes. Como ya vengo manteniendo desde hace tiempo, todo interacciona con todo, y todo tiene efectos sobre todo, incluidos aquellos que no se producen.

De manera muy resumida, sería la amígdala o mejor dicho, los núcleos amigadalinos los que ocuparían un lugar central en todo ello. Sería como el centro de  control y “reparto”, que ante la recepción de estímulos diferentes y por ello, requieren diferentes respuestas. Razón  por la cual tiene proyecciones con los centros cerebrales responsables de cada una de las respuestas, sean estas manifiestas o externas, y/o internas, (hormonales, neurotransmisoras, etc). Esta vía sería compartida con el resto de animales, (respuesta agresiva), por lo que cuando se activa, la respuesta será inmediata. Según parece, cuando esta  empieza sería una escalada hacia el ataque y/o defensa sin posibilidad de marcha atrás. Pero la naturaleza como siempre sabia, ha seleccionado en nosotros los humanos una estructura, (dos en realidad que se subdividen a su vez varias subestructuras corticales: corteza dorsolateral, orbitofrontal y ventromedial), que serían lo que en realidad nos separa claramente del resto de los mamíferos, ya que es la única parte de la corteza cerebral que tiene poco o nada que ver con repuestas automáticas. En pocas palabras, y sin ánimo de alargar más el motivo de discusión, son las estructuras encargadas de convertirnos en humanos, responsables de capacidades tales como: la reflexión, la toma de decisiones y la “concienciación” de las emociones y por tanto, en la creación de los sentimientos y la empatía. Este circuito actuaría en paralelo con el anterior por si falla, para analizar constantemente y al mismo tiempo si la actuación, el comportamiento mostrado es congruente con las señales y sentimientos, (Damasio, 1996; LeDoux, 1999), y por tanto llevarlo a cabo y/o abortarlo. Por tanto, aparecería como el gran meta-regulador de la conducta agresiva, (Raine, 2000; Sanmartín, 2002), que mantendría en perfecto equilibrio el sistema.

¿Entonces qué es lo que falla cuando observamos espantados esas noticias para las que no tenemos en principio explicación lógica? Ante tal disyuntiva no es raro escuchar para hacerla coherente con nuestro estado y forma de pensar, “está loco/a”. Nada más lejano a la realidad la mayoría de los casos. Ya que como he apuntado con anterioridad, a través del aprendizaje y de la repetición de comportamientos “efectivos” se modifican esos circuitos que conectan y recorren las estructuras cerebrales, a través de mecanismos y fenómenos como la plasticidad neural y/o a través de potenciar la actividad de ciertos neurotransmisores y hormonas, y de inhibir otros. Y por tanto, fortalecer las vías nerviosas que los utilizan como mensajeros. Por lo que, debemos reconocer que la violencia “gratuita”, que intento analizar aquí, en su mayoría, (algunos la cuantifican en el 80% o más), sería resultado de factores aprendidos, y por tanto culturales en sentido amplio, que romperían el equilibrio de la agresividad que los dos “circuitos” neurales anteriormente presentados mantendrían de forma natural. No es malvado pensar que, a través de años viendo, sufriendo, “formando parte de la violencia”, el grado de habituación y de desensibilización para tal respuesta, están tan altos que las estructuras jamás llegarían al nivel de “seguridad” para cortocircuitarla. Ya que está bien establecido en la ciencia psicológica que la respuesta emocional llegará a hacerse más débil después de la exposición repetida de ese estímulo. Si esta desensibilización se produce para disminuir nuestra compasión, piedad, empatía, etc, evidentemente tendremos un problema muy serio.

Como sabemos toda respuesta tiene al menos dos componentes: uno puramente fisiológico y el otro claramente afectivo. Por los que en la conducta  que llamamos violenta, como podemos observar, tiene el componente afectivo hipotrofiado, ya que no solo no cumpliría con la instrumentalización con la que el que la lleva a cabo, sino que claramente se separa de ella. Puede ser por un lado, sobrepasado, y sería la manifestación de esos crímenes, delitos, que no se volverán a repetir, ya que las circunstancias en las que surgió no se volverán a dar, que son claramente “impulsivos”. Razón por la cual, incluso el Código Penal lo prevé y le asigna la figura de eximente parcial de Trastorno mental transitorio, pudiendo llegar incluso a convertirse en eximente total fuera de la violencia contra la mujer o casos de violencia doméstica. Y por el otro, una conducta exenta de afectividad, de emoción, lo cual es lo que realmente nos tiene que preocupar, y es justamente esta clase de manifestación violenta, la que está creciendo de forma exponencial. Para el psiquiatra Robert Simon, los comportamientos “patológicos” desde el punto de vista social de los humanos depredadores, solo supondrían el ejemplo más extremado de impulsos antisociales y fantasías comunes a todo el mundo. Y por tanto, (en mi humilde opinión), lo único que estaría ocurriendo es que esas fantasías se están haciendo realidad sin freno ninguno. Ya que lo dejamos como responsabilidad única del Estado y sus sistemas de control, que aunque necesarios, no deberían suponer el monopolio del control. La rehabilitación no puede convertir a la justicia en una puerta giratoria, (Niehoff, 2001), en el sentido que los violentos y/o delincuentes, entran por una puerta y salen por otra. Como decía el etólogo Scott, J.O, el castigo es un método no deseado de control, ya que el dolor supone en sí mismo un estímulo para luchar.

Consecuencia de esta sociedad paternalista y de nuestra renuncia al autocontrol, esa responsabilidad la trasladamos al Estado. Esa trasgresión, ese sentimiento de querer estar por encima de los demás a pesar del coste, es precisamente la piedra angular del presente artículo. Observamos con estupor, que antiguas teorizaciones que intentaban explicarlas sobre la base de la pertenencia a grupos marginales y las deficiencias que ello conlleva, ahora no pueden hacer frente a esta oleada de hechos y comportamientos, (delictivos en su mayoría), pero sobre todo empapados en banalidad, y tremendamente crueles a la vez y otros muchos asociados a crímenes horrendos, son llevados a cabo por niños y jóvenes de clase media, media alta, incluso por universitarios. ¿Entonces qué está pasando? Como decía Pitágoras, “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Pero bien es cierto, que esa educación debe ser más orientada a los valores positivos que siempre han sido lo “bueno”, como el sentimiento de culpa, educar a los niños que desarrollen la conciencia, dejarlos que se equivoquen y aprendan de sus propios errores. Algunos lo llaman educación global, integral. Con lo cual, estaremos creando el mejor sistema de control que existe, el autocontrol basado en principios tan efectivos, como el amor, la piedad, la empatía, el respeto. En las escuelas observamos que la violencia va en claro aumento, y en cambio, observamos que la educación que intentamos desarrollar en ellas fracasa, ¿por qué?, porque parte de premisas falsas, como puede ser proclamar que el fin último de la educación es la tolerancia, que siendo positiva sin duda, sin embargo no es ni puede ser el fin último de la educación, que no puede quedarse en una afirmación tan reduccionista y demagoga. A la vez que en su discurso deja caer que, valores que en realidad nos han hecho humanos, como la conciencia y la piedad, son valores trasnochados y exclusivamente relacionados con la iglesia, cosa que ahora por lo visto no es políticamente correcta. Y por si fuera poco, no se reconoce la autoridad del maestro. El hecho de no desarrollar la conciencia, si no se está unido a la gente por lazos emocionales, entonces jamás se podrá comprender lo que supone realmente su comportamiento, y por tanto estará más preparada para humillarla, explotarla e incluso y en casos extremos, matarla. Ya que la hace diferente, la “cosifica”, la convierte en un objeto por lo que pone distancia entre ambos, que provoca no sentir culpa ni pena.

¿Y qué hacemos al respecto? Nada o muy poco, y poco efectivo. Por ejemplo, la Administración Española, al menos aquí en Granada, gestiona un programa para la creación de botellódromos, (lugar donde se practique el botellón), en las ciudades, porque la gente joven tiene derecho a divertirse. El botellón consiste básicamente en beber de forma exhaustiva y sin control grandes cantidades de alcohol, que por supuesto estará debidamente aderezada con otras drogas. Mostrando con dicha respuesta, a mi juicio una dejación de sus funciones, por una medida supuestamente progresista y a cambio de un puñado de votos. Vemos que efectivos son estos métodos de adoctrinamiento de la tolerancia y rancio progresismo por encima de todo, mostrando en prensa que la mitad de los andaluces ven bien hacer botellón, sin embargo el 81% endurecería las normas que regulan el consumo de alcohol y el 49% piensa que el problema lo deben resolver los ayuntamientos. Cuestiones que con anterioridad eran lo normal, ahora son retrógradas y carcas. Observamos como el acercamiento al mundo de las drogas se da cada vez más jóvenes, concretamente ahora tanto niños como niñas de 14 años reconoces abiertamente beber y fumar porros y tomar cocaína con cierta regularidad, esa regularidad concretamente obedece a cada fin de semana. La edad en la que empiezan a fumar, curiosamente las niñas ahora toman la iniciativa y se sitúa en torno a los 13 años. La tasa de fracaso escolar en nuestra comunidad se sitúa en torno al 20%, el absentismo escolar, (recordemos que la escolarización es obligatoria por ley hasta los 16 años), entre primaria y secundaria en torno al 15%, el 25% por ciento de los alumnos no terminan la ESO. Y los padres en su mayoría culpan al sistema educativo y a los maestros y profesores, en un intento de no caer en el pozo negro de la frustración, porque no han querido o no han sabido gestionar el desarrollo de sus vástagos, los cuales a su vez gozan de los mejores móviles inteligentes con conexión a internet y toda clase de bienes materiales que “ellos no tuvieron”, lo que supone una huida hacia adelante, puramente hedonista y nihilista totalmente destructora.

“Mientras que la violencia siga siendo un problema social y no un problema humano, la triste realidad es que los individuos sin escrúpulos y desprovistos de cualquier noción de Justicia, no necesitarán ni genealogías, ni exámenes genéticos para discriminar negativamente a grupos de población basándose en su potencial violento, pues todo cuanto precisan para hacerlo es un discurso claramente dirigido”. (Niehoff, D. 2000).

Dr. Rafael S. de la Torre. Psicopatólogo Criminal y Forense. Escpecialista en Neurociencias y Biología del comportamiento. Criminólogo experto en Medicina legal.

 

Calle Minerva Granada

Gabinete de Mediación

Desde A Mediar aportamos soluciones pacíficas a los conflictos familiares. Somos expertos en violencias y en mediación penal, y creemos en la Justicia Restaurativa como otra forma de adminsitrar justicia.

Sabemos que en la actualidad no se prevee, es más se prohíbe expresamente la mediación penal para casos de violencia contra la mujer.

Desde nuestro blog informaremos desde una óptica objetiva, profesional y aséptica, a través de estas publicaciones de los mejores profesionales, para ir entendiendo lo que ocurre en nuestra sociedad respecto a este tipo de violencias, que en todo momento son condenables. Pero por desgracia vivimos una política criminal respecto a la lucha y erradicación de esta lacra social, que no solo, no tiene ningún efecto positivo sobre la sociedad, sino que se pervierte y se enquista contribuyendo a una espiral de violencia contra las mujeres, además discrimina y criminaliza a los hombres por el mero hecho de nacer del género masculino.

feminicidio

Infografía: Fuente. Mujeres contra el Feminismo. Comunidad. Facebook

Tomás Prieto, Experto en Criminología y Violencias. Diplomado en Policía Científica. Jurista.

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6 comentarios

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jnavidadc 06/04/2015 - 22:55

Very good article, you’ve nailed. An article leading to complex discussions and at the same time as old and as real as life itself since the man was not even man but animal.

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jnavidadc 06/04/2015 - 23:03

No se me da muy bien el ingles, quise decir: Muy buen articulo, lo has clavado. Un artículo que lleva a discusiones complejas tan real como la vida misma y tan antiguo desde que el hombre no era ni hombre sino animal.

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Andrés Vázquez (@AlenMediaGroup) 07/04/2015 - 10:36

Ya en 1989 El Manifiesto de Sevilla sobre la Violencia proclamaba que “La violencia no se inscribe ni en nuestra herencia evolutiva ni en nuestros genes. En las especies animales organizadas en grupos sociales, el comportamiento agresivo aparece en el contexto de la cooperación y de la asistencia mutua.”
Segunda y Cuarta proposición de El Manifiesto de Sevilla sobre la Violencia, 1989.
UNESCO, 1992. http://unesdoc.unesco.org/images/0009/000943/094314so.pdf

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Tomás Prieto
Tomás Prieto 07/04/2015 - 11:55

Muchas Gracias Andrés Vázquez, estamos plenamente de acuerdo con el Manifiesto. No compartimos las actuales políticas para la erradicación y la prevención de lo llaman “violencia de género”, a sabiendas de que no se está consiguiendo nada. Es misión de los Criminólogos y expertos en este tipo de violencias contar la verdad.

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Violencia contra la mujer, mediación y justicia restaurativa y ¿Como hacer crecer tú estudio contable? at Poder en el Perú y el Mundo 10/10/2015 - 02:40

[…] Respecto a esta Ley, y con carácter previo, un vistazo a las estadísticas de mujeres víctimas a manos de su pareja, publicadas en el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del CGPJ nos permiten concluir que ha fracasado en sus objetivos. No ha hecho disminuir este tipo de violencia y ha dado pie a la potencial criminalización de una gran parte de la población por el solo hecho de pertenecer al género masculino. Es una Ley discriminatoria por sexo que establece una práctica presunción de culpabilidad contra el hombre desde el momento en que es denunciado. Es el imputado el que ha de probar su inocencia, con una inversión de la carga prueba que supone una auténtica quiebra del Estado de Derecho. Favorece la proliferación de denuncias falsas por parte de algunas mujeres en busca de privilegios en los procesos de divorcio. Atribuir un tipo de violencia específica a un género determinado es tan erróneo como querer explicarla a través de los genes, como bien explica el Psicopatólogo forense y criminólogo Rafael S. De la Torre en este artículo: “Genética y Violencia”. […]

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Justicia Restaurativa – MUJERES CONTRA LA LIVG 21/03/2018 - 23:04

[…] Respecto a esta Ley, y con carácter previo, un vistazo a las estadísticas de mujeres víctimas a manos de su pareja, publicadas en el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del CGPJ nos permiten concluir que ha fracasado en sus objetivos. No ha hecho disminuir este tipo de violencia y ha dado pie a la potencial criminalización de una gran parte de la población por el solo hecho de pertenecer al género masculino. Es una Ley discriminatoria por sexo que establece una práctica presunción de culpabilidad contra el hombre desde el momento en que es denunciado. Es el imputado el que ha de probar su inocencia, con una inversión de la carga prueba que supone una auténtica quiebra del Estado de Derecho. Favorece la proliferación de denuncias falsas por parte de algunas mujeres en busca de privilegios en los procesos de divorcio. Atribuir un tipo de violencia específica a un género determinado es tan erróneo como querer explicarla a través de los genes, como bien explica el Psicopatólogo forense y criminólogo Rafael S. De la Torre en este artículo: “Genética y Violencia”. […]

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