Un nuevo reto para mediadores: la transformación de conflictos

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Transformación de conflictos en iniciativas de construcción de la paz: un nuevo reto para mediadores.

 

Una de las quejas que escucho más a menudo durante las formaciones a mediadores es lo difícil que es trabajar como mediador en España.

colaboración

Ramón Tena Pera, Mediador, Consultor

¿De qué sirve que nos formemos como mediadoras si después no tenemos trabajo? Es una frase sobre la que vale la pena reflexionar y sería interesante ahondar sobre la necesidad de ser mucho más proactivo en la promoción de la mediación.

Pero el objetivo de este artículo es otro: mostrar a las y los mediadores que existen numerosos campos en que pueden trabajar, más allá de la mesa de mediación: Coaching de conflictos, formación, consultoría en análisis y transformación de conflictos… pero hoy me voy a centrar en un área menos conocida en España: las medidas de creación de confianza (CBM por sus siglas en inglés).

Medidas de Creación de Confianza

Las CBM son todas aquellas medidas que se aplican con el objetivo de reconstruir, promover y consolidar la confianza entre actores que han sufrido conflictos muy intensos. En el ámbito internacional, se asocian a las medidas que se desarrollan en contextos posteriores a conflictos armados, bien sea internos o internacionales. En las Naciones Unidas se enmarcan en los esfuerzos de construcción de la paz postconflicto (post-conflict peacebuilding).

Este tipo de medidas pueden ser de índole muy diversa: policiales, militares, políticas, financieras, sociales, etcétera. A modo de ejemplo se pueden citar tres que son bastante conocidas: en Móstar, poco después de la guerra de los Balcanes, se organizaron patrullas mixtas entre policías serbios y bosnios, integradas por un tercer miembro de alguna policía de la Unión Europea.

Otro de estos ejemplos

Lo encontramos en Chipre, dónde a menudo se organizan actividades para jóvenes turcochipriotas y grecochipriotas en la zona desmilitarizada (conciertos, formaciones, exposiciones de arte…). Finalmente, en la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) funciona un mecanismo para que los países se avisen ente ellos cuando se planifican ejercicios militares o movimientos de tropas cerca de las fronteras de otro país miembro.

¿Y qué tenemos que ver los mediadores en todo eso, os preguntaréis?

Bien, los mediadores somos expertos en dos campos que pueden ser muy útiles en este tipo de actividades. En primer lugar, somos expertos en conflictos. Como mediadores tenemos las competencias necesarias para analizar y diagnosticar el conflicto, así como promover el tratamiento necesario. En segundo lugar, somos expertos en promover diálogos, limar malentendidos y generar puentes de comunicación entre las partes. Por todo ello, las competencias del mediador pueden ser útiles y necesarias en contextos de construcción de la paz posteriores a conflictos armados.

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El Campo de Jóvenes por la Paz del Consejo de Europa

Para entender mejor el papel de los mediadores en este campo, me gustaría reseñar una de las actividades del Consejo de Europa en que tuve el placer de trabajar como dinamizador. Se trata del Campo de Jóvenes por la Paz (https://www.coe.int/en/web/youth-peace-dialogue/youth-peace-camp), una actividad del Consejo de Europa que cada año reúne en los Centros de Juventud de Budapest o Estrasburgo a jóvenes de zonas en conflicto Esta formación tiene como objetivo promover la comunicación entre los participantes y dotarles de herramientas de transformación de conflictos que puedan usar en sus comunidades de origen.

Este año, el Youth Peace Camp

Contaba con casi 70 participantes que provenían de Armenia, Azerbaiyán, Georgia (y las repúblicas de Osetia del Sur y Abkhasia), Chipre (griegos y turcos), Kosovo (serbios y albaneses) y Ucrania (Kiev y las regiones del Este de Ucrania).

Mi papel consistía en diseñar, junto a personal del Consejo de Europa, el programa de 8 días, coordinar a un equipo de 10 facilitadores (uno por comunidad) en el desarrollo de la actividad, ofrecer formación en transformación de conflictos y gestión de proyectos, así como gestionar cualquier conflicto que pudiera surgir (que con 80 personas implicadas no era nada que no fuera de esperar).

El diálogo como herramienta de transformación de conflictos

El objetivo

. . .de este tipo de programas es transformar el conflicto y conseguir que los participantes pasen de una dinámica de enfrentamiento a una de colaboración. Por el camino, se les ayuda a humanizar al oponente, empatizar y desarrollar herramientas que les permitan entender mejor la dinámica de conflicto y sus formas de gestión.

logo campo

Youth Peace Camp

El programa

. . .se desarrolló en tres partes: en una primera parte, los participantes dedicaron una jornada a la construcción del grupo y trabajaron competencias sobre cómo se desarrolla la identidad (individual y colectiva), la relación ente identidad y conflicto o el análisis de conflictos. La segunda parte consistió en dedicar un día entero a promover la comunicación entre los jóvenes de bandos diversos, en lo que denominamos “El día del diálogo”.

Este día los jóvenes trabajaron entorno a una pregunta central: ¿Cómo joven, cómo me ha afectado el conflicto?

Los participantes trabajaron esta pregunta en grupos mono-comunitarios, mixtos -con representantes de todas las comunidades- y bi-comunales, juntando a los jóvenes de comunidades en guerra. El objetivo no era llegar a un acuerdo o encontrar una solución sino, simple y llanamente, escucharse. El lector se imaginará los retos y momentos difíciles que supusieron estos encuentros, pero se consiguió que jóvenes que tan sólo habían escuchado un relato -su relato- pudieran escuchar también el de la otra parte. La conclusión que sacaron fue que en el conflicto no había “buenos” y “malos” sino tan solo víctimas.

Los últimos días estuvieron destinados a empoderar a los jóvenes y darles herramientas prácticas de gestión de conflictos y promoción de proyectos. De hecho, el último día los participantes planificaron diversos proyectos, algunos de los cuales están en marcha hoy en día.

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Imagen aportada por el autor

Transformar el conflicto sin hablar de él

Los mediadores a menudo hablamos de la “magia” de la mediación. En este tipo de actividades, la “magia” reside en transformar el conflicto sin hablar necesariamente de él. A lo largo de los 8 días que duró la experiencia, no se desarrolló ninguna actividad para hablar de forma específica de los conflictos territoriales que traían a cuestas los participantes. Pese a ello, pasados unos días los mismos participantes desarrollaron la empatía, curiosidad y humanización del oponente necesarias para hablar de ello en los momentos informales.

En resumen,

. . .el Youth Peace Camp cumplió con su cometido: la primera noche, el diálogo entre las comunidades “enfrentadas” era nulo, ni tan solo se miraban a la cara o querían sentarse a la misma mesa. Al tercer o cuarto día, la empatía entre los participantes ya era evidente, se sentaban juntos a compartir la mesa y las actividades de ocio. Hacia el final del Campo empezaron a trabajar en proyectos conjuntos, colaboración que continúa hoy en día.

¿Y en España?

Este tipo de herramientas no se aplican exclusivamente a zonas que han sufrido conflictos armados. Mi trabajo como mediador en Cataluña me ha llevado a participar en experiencias de este tipo en el ámbito ciudadano, por ejemplo, desarrollando diálogos entre vecinos en zonas conflictivas, o para desarrollar con el máximo consenso proyectos de modificación urbanística.

Antes de acabar, os dejo con una pregunta para reflexionar.

Sería interesante promover un diálogo a la siguiente pregunta en los comentarios al artículo: ¿Sería posible aplicar alguna herramienta de este tipo en el conflicto con Cataluña? No hay duda de que los últimos meses han estado plagados de desencuentros, manipulaciones o discursos de odio, que han contribuido a deteriorar la convivencia, tanto dentro de Cataluña como entre Cataluña y España. Por eso creo que sería interesante promover iniciativas de este tipo, tanto entre ciudadanos como entre colectivos específicos como periodistas, empresarios, miembros de asociaciones… ¿Qué pensáis?

 

Ramón Tena Pera, es Mediador y Consultor en Transformación de Conflictos

 

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Tomás Prieto
Servicios de Mediación Familiar, Social, Civil y Mercantil es un gabinete de Gestión de Conflictos que pretende consolidarse en Granada como uno de los primeros gabinetes multidisciplinares en Mediación. También en . y escribo El Mirador. Director de Contenidos en Logic Cost Abogados
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7 comentarios en “Un nuevo reto para mediadores: la transformación de conflictos

  1. Sr.Prieto: Buenas noches.Ya iba siendo hora de decir y escribir públicamente la realidad,o al menos una parte considerable de nuestra circunstancia personal,como mediadores profesionales.No nos dan trabajo como mediadores,parece como si no se lo tomaran en serio.Piensan que somos abogados pero con otra nomenclatura,con otro nombre la mayor parte de la sociedad.Hay que divulgar por todos los medios posibles la Mediación para que los españoles sean conocedores de ella y les conste que en otros países es moneda de curso diario y legal.La formación siempre será básica a cualquier nivel,debemos sentir esta profesión como vocación y lo que no es de recibo es que se la conciba como algo de simple voluntarismo,propio de buenas personas,pero que no se les reconozca y remuneren suficientemente su importante función de solucionar conflictos haciendo posible una comunicación inter-partes en las que salgan beneficiadas ambas.Francamente,he superado varios cursos de perfeccionamiento,máster en Mediación,amplia experiencia docente en la Administración pero llevo dos años y medio esperando una oportunidad de aplicar mis conocimientos de forma pragmática y laboral.En fin qué le voy a decir…El artículo me ha gustado porque amplía el campo estrictamente profesional y abre nuevas perspectivas que siempre serán bienvenidas..
    Un cordial saludo.

    • Muchas Gracias por su comentario, aunque se dirije a mi, como podrá ver el articulo es de Ramón Tena Pera de Andorra Mediacio. Intentaré que responda a su comentario, que por otra parte está cargado de razón.

      Saludos #SembrandoMediacion

    • Muchas gracias por tu comentario y por tu interés en el tema, Fernando.
      Me siento muy cercano a ese sentimiento sobre el poco caso que nos hacen a los mediadores. Pero no es una situación exclusiva de España, sinó que se repite en muchos países europeos no anglosajones. Mañana tengo clases en Toulouse y no me extrañaría mantener esa misma conversación. Los encargados de desarrollar y aplicar las políticas públicas (en España, Andorra, Francia, Grecia, Rumanía…) creen poco en la mediación.

    • Eso me lleva a un segundo comentario: muchos mediadores todavía trabajamos con “mentalidad funcionario”, esperando esa oportunidad que no llega, esperando que alguien nos llame y nos brinde esa oportunidad de demostrar lo que sabemos hacer. Por desgracia eso difícilmente llegará y tenemos que ser los propios mediadores quienes nos la creemos. En mi caso, por eso fundé una empresa que se llama Dialoga y empecé a ejercer mi “apostolado” sobre los beneficios de la mediación, la formación en habilidades de comunicación no violenta y gestión de las emociones…
      Siempre he defendido que las másters en mediación deberían incluir una o varias jornadas sobre emprendimiento, creación de proyectos y oportunidades europeas (UE, Consejo de Europa….). Un abrazo y gracias de nuevo por el comentario.

      • Aboslutamente de acuerdo, emprendimiento, creación de proyectos y oportunidades europeas, y comunicación digital y social media ya te digo yo quo no está de más . . . ¡¡ #amediar #SembrandoMediacion

  2. Peacebuilding (Catalunya on my Mind)
    “El respeto al derecho ajeno es la paz.” Benito Juárez

    Ramón, mencionaba las CBM (Medidas de Creación de Confianza), es decir, “todas aquellas medidas que se aplican con el objetivo de reconstruir, promover y consolidar la confianza entre actores que han sufrido conflictos muy intensos”. También de “el diálogo como herramienta de transformación de conflictos… transformar el conflicto sin hablar de él.” Después de señalar algunas experiencias internacionales y diagnosticar como “en los últimos meses han estado plagados de desencuentros, manipulaciones o discursos de odio, que han contribuido a deteriorar la convivencia, tanto dentro de Cataluña como entre Cataluña y España”, se preguntaba: ¿Sería posible aplicar alguna herramienta de este tipo en el conflicto con Cataluña?

    Fue en junio de 1992, cuando Boutros Boutros-Ghali [1], secretario general de la ONU, formuló los elementos de la construcción de paz que consistiría en “acciones dirigidas a identificar y apoyar estructuras tendentes a fortalecer y solidificar la paz para evitar una recaída al conflicto”. Una conceptualización inevitablemente vaga por cuanto ha de circunscribirse a cada contexto específico.

    Pero, el pretendido maridaje entre lo que ha dado en denominarse, a mi entender erróneamente, “conflicto con Cataluña” con la Mediación ha hecho correr bastantes ríos de tinta, en los que básicamente se han obviado aspectos ya reiteradamente señalados. Quizá el primero sea el semántico. Y es que, si hablamos de conflicto -en singular- para resumir lo que ha venido aconteciendo “en” Cataluña, y por tanto “en” España, seguramente empezamos equivocándonos. Si además le añadimos la conjunción “con” además lo desenfocamos. Nadie duda que el diálogo, junto con el respeto a la discrepancia, a la opinión del otro, al adversario político, es la base de cualquier sociedad civilizada. Más allá de las singularidades, que nadie cuestiona, de cualquier grupo o territorio, alimentadas por la tradición de sus culturas, historia, lenguas o costumbres, lo cierto es que las eclosiones nacionalistas de los últimos años, si nos atenemos a sus manifestaciones, no son más que un vector estratégico de conveniencia y estrategia política para ocupar el poder, o en su defecto obtener alguna ventaja frente a los contrarios políticos. Y es que, si aceptamos que el “deseo” de independencia es el origen de un conflicto, estamos frente a una aspiración política de un grupo social de ciudadanos, que puede ser tan legítima [2] como cualquier otra; cuestión aparte es que se pretenda desde la ley o contra ella. Y si es una “contienda” política, su escenario son los foros políticos y no una sala de mediación.

    Obviar, como ya se ha señalado hasta la saciedad, que España no es ningún estado fallido, inhabilita los referentes internacionales que se citan como ejemplos de actuaciones del peacebuilding. En todo caso, las actuaciones de las personas mediadoras en ese tipo de conflictos trascienden, e incluso exceden, la concepción clásica de los roles tradicionales atribuidos a la función de los mediadores, por lo que no es extraño toparnos con situaciones en donde las fronteras, bien articuladas en los planteamientos teóricos, se difuminen o confundan en su aplicación práctica, particularmente cuando no es nítida la intención de las partes en cuanto a su implicación por resolver su conflicto.

    En esos escenarios cobran especial relevancia posiciones como la de Cristopher Moore cuando afirma que “La mediación es esencialmente negociación…la mediación es una extensión del proceso de negociación. Sin negociación no puede haber mediación.” Lejos, por tanto, de concepciones al uso convencionales, el mediador podrá seguir un modelo basado en el poder de negociación y no constreñirse a un modelo más ortodoxo de la mediación de conflictos, dando lugar a intervenciones facilitadoras (limitándose a crear las condiciones más óptimas para que las partes encuentren las soluciones), formulativas (diseñando o proponiendo soluciones para impulsar el avance hacia los acuerdos) o directamente de poder (presionando abiertamente a las partes para la urgente obtención de acuerdos recurriendo a la presión política o de cualquier otro tipo.) [3]

    Se ha negociado, se negocia y se negociará

    Y esto es algo por lo que ha pasado de puntillas la opinión pública (y lo que resulta más sorprendente, demasiadas personas mediadoras profesionales) en el mal llamado “conflicto de Cataluña”: se ha negociado, se negocia y se negociará. Así pues, los devotos de los ADR pueden estar tranquilos, se utilizan las cajas de herramientas de la resolución de conflictos, desengáñense. Quizá no las de la mediación convencional, pero si admitimos que estamos frente a un conflicto, necesariamente habremos de aceptar igualmente que no es convencional.

    El hecho de la existencia de una pluralidad de diálogos, mediados / negociados o no, directamente relacionados con la intervención multiparte en este tipo de conflictos, exige igualmente la coordinación de las diferentes actuaciones e iniciativas, particularmente cuando se trata de acciones simultáneas pero no siempre complementarias, en donde pueden confluir perfectamente posiciones mediadoras y/o negociadoras competitivas y opuestas que, lejos de facilitar un acercamiento equilibrado de las partes, persiguen obtener ventajas políticas o de otra índole, ensanchando la brecha de la asimetría inicial ya de por sí muy distorsionada por el uso indiscriminado de la propaganda.

    Y es que no podemos olvidar que los mediadores / negociadores, así como las instituciones u organizaciones que les dan cobertura en sus intervenciones, aun presumiendo su imparcialidad, también tienen intereses que habrán de explicitar. Junto a ellos, los valores y principios que inspiraran sus pautas de comportamiento en el proceso.

    Pero “negociar la paz”, por medio del diálogo mediado, no es necesariamente la opción más sencilla, ni rápida. [4] Diversos autores opinan que, por el contrario, solucionar este tipo de conflictos -particularmente cuando son internos dentro de los Estados- a través de protocolos de negociación y/o mediación es muy complicado. Al conflicto entre grupos se superpone el intra grupos, es decir las diferentes divisiones de posiciones e intereses dentro de cada grupo en relación con los objetivos finales perseguidos, las distorsiones que pueden ocasionarse por dirigentes y líderes más interesados en su publicitación mediática que en la finalización del conflicto, o las interferencias perfectamente calibradas de grupos (estatales o internacionales) con escaso peso específico (o no) pero suficiente capacidad de fuerza para desestabilizar el diálogo en cualquiera de sus fases con acciones tan espectaculares como eficaces para bloquear o dilatar convenientemente a sus intereses ni siquiera un acuerdo de mínimos.

    Neutralidad e imparcialidad

    A todo lo anterior tenemos que sumar, en este peculiar escenario, la cuestión de la neutralidad e imparcialidad de los negociadores / mediadores intervinientes. Una cuestión crucial, y es que si, de suyo, se trata de conceptos resbaladizos en una mediación convencional se manifiestan en todas sus contradicciones en estos escenarios. Pero, además no desconocemos que la mediación en estos conflictos son procesos en el que intervienen múltiples actores ejerciendo diferentes roles complementarios, por lo que tampoco asistimos a un escenario homogéneo ni uniforme en relación a la inevitable gradación de niveles de neutralidad e imparcialidad entre los intervinientes, algo que puede valorarse con diferentes criterios. [5]

    Por lo demás, y al igual que en actuaciones mediadas en otros ámbitos, las personas mediadoras / negociadoras habrán de calibrar la necesidad de dar por finalizado el proceso, retirándose del mismo -o no iniciándolo- en aquellos supuestos en que detecten una pérdida de imparcialidad en su ejercicio profesional, cuando resulte evidente la mala fe de cualquiera de los intervinientes, cuando el desarrollo del proceso derive hacia salidas inviables, ilegales o en colisión directa con los principios que informan la mediación o si se producen en un contexto inaceptable desde la perspectiva del derecho que informa a los ordenamientos jurídicos en los estados democráticos o ajenas a solución pacífica.

    Pero si algo puede comprometer de forma imprudente la efectiva resolución del conflicto, son las propuestas públicas de mediadores autoproclamados como tales. En algunos supuestos, nos encontraremos frente a iniciativas de mediadores profesionales que, más allá de su intervención para facilitar una resolución pacífica del conflicto, pretenden objetivos y responden a intereses personales, institucionales, nacionales, o de cualquier otra índole. Pero también pueden concurrir a este frívolo zoco autoproclamados mediadores no profesionales que solo encubren, bajo el camuflaje de su denominación, a portavoces de alguna de las partes en conflicto.

    Mediadores de campo de nivel medio

    Las iniciativas entre ciudadanos y colectivos específicos es un aspecto que sugiere Ramón Tena, y que si me parece viable (incluso inevitable) en una fase posterior al actual escenario. Y es que, en la actividad de construcción de paz se pueden generar los lazos institucionales y sociales necesarios para apoyar esfuerzos posteriores de reconstrucción, anticipando los retos futuros, diseñando una agenda y sentando metas post conflicto.

    Sin embargo, no siempre es sencillo determinar cuándo nos encontramos nítidamente en un escenario de post-conflicto [6], y ello a pesar de contar con la certeza de haber concluido unos acuerdos tras una mediación / negociación. La dicotomía se platea entre una concepción lineal y minimalista de los retos del post-conflicto (reducido a la superación de las secuelas específicas del conflicto) y otra maximalista multienfoque (orientada no solo en detener las “agresiones” y verificar los acuerdos alcanzados con esa finalidad, sino también en establecer las condiciones necesarias para fomentar la recuperación y el desarrollo económico, político y social, no solo de las partes enfrentadas, igualmente de los daños colaterales en una proyección con alcance más amplio a la sociedad afectada, aun indirectamente, en su conjunto). Lógicamente, atender a una u otra visión repercutirá en los contenidos a abordar y también a los plazos para su ejecución. Y es que es el tipo de acuerdo, más que su formulación, lo que determinará la estabilidad del escenario del post-conflicto y el riesgo cierto de su quiebra. Por ello el análisis adecuado del tipo de acuerdo que pueda alcanzarse exige de las personas mediadoras (sean mediadores profesionales, negociadores o responsables políticos) un particular celo en orden a su responsabilidad como agentes de la realidad lo que facilitará también su ejecución y seguimiento.

    En definitiva, los acuerdos deben ser justos, concretos, evaluables y realizables. La evaluación exige además que el acuerdo sea concreto, que permita verificarlo mediante conductas o comportamientos observables. Parámetros, todos ellos, que serán los que permitirán, en la práctica, realizar un seguimiento de su implementación. Vamos, que no podrán situarse extra muros del Derecho.

    Pero es en la fase de implementación, caracterizada por ser un escenario de diálogo inclusivo, continuo y ágil, en el que para su efectividad resultará imprescindible incorporar el apoyo más amplio posible, recurriendo a la implicación no solo de los protagonistas directos del enfrentamiento, no solo de sus líderes, y en donde la mediación de campo de nivel medio será una decisión estratégica que podrá permitir, en la implementación de los acuerdos, la posibilidad real de una transformación de la sociedad en conflicto, sentando las bases de la convivencia futura en la opción del diálogo como elemento estructural de la paz social.

    Tampoco únicamente con el objetivo de perseguir una simple legitimación del proceso. Se puede ser más ambiciosos, y prácticos, buscando una efectiva “sanación” que, sino transformadora, cuando menos pueda paliar los daños, también los morales, ocasionados. Este objetivo difícilmente podrá llevarse a cabo si no es con el recurso a actuaciones mediadoras sobre el terreno, directamente abordadas por mediadores locales, buenos conocedores de la realidad de su entorno, que puedan ser auxiliados en su trabajo por mediadores externos, cuya neutralidad difícilmente pueda ser cuestionada, y que aporten la perspectiva de su distanciamiento imparcial, como estrategia pacífica y socialmente equitativa.

    Resultará muy complejo abordar reformas estructurales si previamente no han podido ser atendidas las demandas de soluciones concretas a problemáticas particulares directamente originadas por el desarrollo del conflicto. Esto puede aconsejar la intervención de mediadores de campo, sobre el terreno, que puedan darles curso, fomentando un dialogo que pretenda facilitar una equiparación pacífica de intereses.

    Lo cierto es que, las experiencias conocidas en conflictos comunitarios (con indiferencia del nivel o gradación de su violencia), incluso en aquellos con un arraigo profundo, coinciden en señalar que no se podrá lograr una implementación efectiva y sostenible de los acuerdos concluidos en instancias superiores (políticas), con mediadores de alto nivel, sin conseguir involucrar a diferentes estamentos sociales de niveles más bajos, junto con sus líderes, con la pretensión de que actúen como freno o reconducción de las resistencias inevitables, desbloqueando dinámicas condenadas de otra forma al fracaso.

    Puede resultar útil una coordinación y compromiso que ofrezca coherencia a las actuaciones de los diferentes actores sobre el terreno. La gestión encaminada a conseguirlo podría ser desarrollada por equipos de mediadores de campo que contaran con los necesarios apoyos locales. Actuaciones que podrán servir, además, para el abordaje de conflictos menores derivados de la convivencia comunitaria.

    Se hace necesario un cambio progresivo que enfatice la participación activa de la población en el control de la incorporación de estrategias para superar la herencia derivada de un pasado desgarrador que hipoteque las potenciales posibilidades de futuro. Y es que, en realidad, las partes protagonistas del conflicto no son necesariamente tan homogéneas como podrían parecerlo inicialmente, porque las personas que se afilian a la fuerza a alguno de los bandos en demasiadas ocasiones vienen condicionadas por razones circunstanciales, tales como su ascendencia u otras similares. Cuando conocemos sus posiciones, intereses y niveles de compromiso, podemos encontrar significativas diferencias entre sus miembros, aspecto que puede facilitar el tendido de puentes de entendimiento con los adversarios.

    Sin embargo, desconocer el trasfondo político -en todo su alcance y matices (hasta donde nos es permitido conocerlo)- que subyace y alimenta el conflicto, convertirán en yermas cualesquiera otras iniciativas (por muy bien intencionadas que resulten en su gestación) que no resulten actuaciones de continuidad tras conseguir la resolución previa jurídico – política que ofrezca un marco estable de referencia para el futuro.

    Y este paso previo, ineludible, no es cometido de profesionales de la resolución de conflictos, sino de los políticos de las diferentes opciones que nos representan como ciudadanos en democracia.

    Notas.-

    [1] Organización de las Naciones Unidas (ONU). An Agenda for Peace: Preventive Diplomacy, Peacemaking and Peacekeeping. Report of the Secretary-General, United Nations GA and SC, A/47/277, S/24111, 17 June 1992. Disponible en: http://www.un.org/Docs/SG/agpeace.html

    [2] “En el ámbito de la mediación de conflictos, la legitimación tiene una cobertura de identificación más amplia que los otros conceptos de legitimación arrimados a la legalidad. Y así: “Podría definirse de modo genérico como la posibilidad de justificar, o al menos explicar, las razones o las causas que hace que alguien adopte actitudes, comportamientos o posiciones». La mediación quizás se fija más de principio en la legitimación que en la legalidad. Y quizás de ahí, desde esa perspectiva más abierta, muchos mediadores consideran que pocos conflictos se escapan de poder ser tratados objetivamente con la mediación. Considerando que el simple hecho de sentar a las partes, de dialogar, de negociar, incluso como fórmula distinta del estricto concepto de la mediación, tiene siempre una connotación positiva, incluso si el conflicto tiene un pozo de ilegalidad.” Madrid Fernández, Salvador. La legitimación de la legalidad, Law&Trends, Noviembre, 2017 Disponible en: http://www.lawandtrends.com/noticias/justicia/la-legitimacion-de-la-legalidad-1

    [3] Moore, Cristopher. The Mediation Process: Practical Strategies for Resolving Conflict, Jossey-Bass Publishers, San Francisco, 2004 Resumen, disponible en: http://www.beyondintractability.org/bksum/moore-mediation

    [4] “El establecimiento de un escenario que garantice la implementación de una pacificación duradera y justa, implica valorar –antes de iniciar el proceso- cuando es el momento más adecuado para su comienzo. Diferentes analistas han abordado diversas líneas de investigación, concluyendo en dos posiciones, la del “conflicto maduro” que atiende al momento ideal de los esfuerzos para su resolución como clave para alcanzar acuerdos de paz, centrándose en la percepción que las partes tienen sobre el mutuo estancamiento del daño (Mutually Hurting Stalemate). Mason, David y Fett, Patrick. How Civil Wars End: A Rational Choice Approach. Journal of Conflict Resolution, 1996 Disponible en: http://www.uky.edu/~clthyn2/PS439G/readings/mason_fett_1996.pdf

    [5] Algunos autores incluso abogan por desprenderse del concepto de neutralidad como un elemento central de la práctica de la mediación: “La neutralidad es físicamente imposible de alcanzar como un atributo personal de un mediador. Lo mismo ocurre con los conceptos de “resultados justos” y “equilibrio de poder”. Son construcciones teóricas que no existen fuera de la teoría. No hay nada que indique a un mediador cuando estos estados se han alcanzado realmente. Son conceptos subjetivos sujetos a infinitas variables. Neutralidad, resultados justos y poder equilibrado son estados que sólo se pueden evaluar en retrospectiva. Esto deja a los mediadores con la situación de que no pueden predecir el verdadero estado de su neutralidad. Después de haber experimentado la experiencia, no hay punto de referencia formal con la cual juzgar si se han alcanzado esos estados. La única evaluación válida puede ser si, en todas las circunstancias, los resultados del proceso y los resultados fueron bastante buenos. Hay buenas razones para desprenderse del concepto de neutralidad como base de la conducta del mediador. Es contraproducente porque las mentes programan a los mediadores para que acepten un estado que es inalcanzable. El próximo gran salto para la teoría y la práctica de la mediación es desprenderse del concepto de neutralidad como un elemento central de la práctica de la mediación.” Rooney, Greg. Rebooting Mediation by Detaching from the Illusions of Neutrality, Just Outcomes and Balanced Power. 2015. Disponible en: http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.2564035

    [6] La Unidad de Post-conflicto del Banco Mundial durante años ha sido incapaz de poder definirlo en sentido estricto y se ha visto obligada a cambiar su nombre a Unidad para la Prevención y la Reconstrucción. Banco Mundial, Unidad de Prevención de Conflictos y Reconstrucción (CPR). Disponible en: http://www.bancomundial.org/temas/resenas/post-conflicto.htm

    (https://www.linkedin.com/pulse/peacebuilding-andrés-vázquez-lópez/)

Esperamos sus comentarios, gracias