Es el tiempo de los mediadores y mediadoras

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¿Somos los mediadores los profesionales olvidados?

los mediadores

Paloma Lavandeira Abogada y Mediadora

Hace un mes

Durante una tertulia en el programaEl balcón del mediador que tuve el placer de compartir con mi querida compañera Irene Sendín, su anfitrión, José Antonio Veiga, nos  preguntó si considerábamos que era tiempo de mediación, a lo que yo respondí sin dudar que “sí”, pero que creía además que es “tiempo de mediadores”.

Desde entonces esta idea se había quedado dando vueltas en mi cabeza, de manera que cuando Tomás Prieto me propuso colaborar en su blog no dudé en aprovechar la oportunidad para dejar que fluyera y ver hasta dónde me llevaba.

Así que haciendo uso de la total libertad que me brindó para escoger el tema, cosa que realmente agradezco, he decidido reflexionar sobre qué significa y cuál es el alcance que puede tener el “rol del mediador” en la sociedad actual.

Tengo que decir que para conseguir avanzar partiendo desde mis propios pensamientos,

. . . una vez más tenía claro que la mejor fuente de inspiración sería indagar qué opinaban algunos compañeros al respecto, aquellos a los que normalmente sigo, leo y escucho porque me ayudan a definir con mayor precisión cuál puede ser mi propio “rol de mediadora”. A algunos los menciono aquí de manera específica, si bien me gustaría dejar claro que “son todos los que están, pero no están todos los que son” por lo que sin excluir a ninguno aprovecho para expresarles mi más absoluto agradecimiento.

Así pues, intrigada por saber si alguien más compartía la idea de que “ha llegado nuestro tiempo” empecé a buscar algún material sobre el tema.

En ese camino me crucé con “Los mediadores no existimos” de Ana Criado Inchauspé, Presidenta de la Asociación Madrileña de Mediadores, artículo que por su título parecía concluir justamente todo lo contrario.

 

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En realidad se trataba solo de una apariencia,

. . . ya que, entre otras muchas cosas, pone de manifiesto que desde las instituciones se oye hablar mucho de mediación pero poco o nada de mediadores, de manera que lo que en realidad defiende es que a pesar de todo los mediadores “sí existimos”, hecho que sin duda comparto aunque considero que todavía no hemos dado el paso definitivo para unirnos y reclamar de una manera rotunda el suficiente reconocimiento.

Lo que sí creo es  que ya compartimos el objetivo común de lograr que la sociedad nos perciba como profesionales cercanos y asequibles, de “uso cotidiano”, capacitados para ofrecer no sólo la posibilidad de una intervención apropiada para resolver un conflicto, sino también eficaces en su prevención y su asesoramiento.

Está claro que para que esta nueva percepción se produzca resulta absolutamente necesaria nuestra implicación, algo que sin lugar a dudas puede percibirse en la mayoría de los compañeros y compañeras con los que tengo la suerte de tener contacto.

La situación actual

Sin embargo, creo que la situación actual también nos ha de llevar a entender que, de manera definitiva, necesitamos de una vez ser reconocidos como profesionales de referencia en la gestión del conflicto para poder contar con los recursos suficientes, no solo para nuestra propia  formación sinó también a nivel económico, y que a través de esta vía podamos garantizar una dedicación de calidad que sea sostenible con las necesidades de las partes, pero también con las nuestras.

Únicamente desde este escenario podremos seguir siendo el principal motor de este cambio, por lo que considero que ante las instituciones debemos dejar claro que fomentar la cultura de la mediación en nuestra sociedad no se trata simplemente de implementar un proceso para resolver conflictos puntuales, ni que tampoco es algo que pueda concebirse solo como una vía alternativa y descongestiva.

Debemos insistir en la necesidad de ir mucho más allá,

. . . remarcando la necesidad de que en aquellos ámbitos que lo requieran debe introducirse la figura del mediador como profesional como digo “de referencia”, capacitado para bajar el nivel de conflictividad y conseguir una convivencia de mayor calidad.

Pues bien, quizás ha llegado el tiempo de que se haga, y más concretamente quizás ha llegado el tiempo de que lo hagamos nosotros, de que nos identifiquemos y reconozcamos, de que nos preguntemos para qué podemos servir, en qué ámbitos podemos actuar, a través de qué recursos, metodologías y plataformas podemos trabajar, así seguiría con una lista bastante larga de etcéteras…

Un nuevo tiempo

Para empezar es cierto que podríamos, o quizás incluso deberíamos, poner una primera piedra de nuestro colegio profesional desarrollando un “estatuto del mediador” y un “código deontológico” a través de los cuales seamos capaces de identificar nuestros derechos, nuestros deberes y fijar las reglas para una “buena praxis” mediadora.

Considero además que en este nuevo contexto tomar conciencia del verdadero alcance que tiene nuestra profesión podría resultar de mucha utilidad para que podamos ocupar un espacio propio, diferenciándonos aún más claramente del resto de profesionales que intervienen en la gestión del conflicto.

Sin embargo, en mi humilde opinión,

. . .en nuestra situación actual resulta igual de primordial que nos  concentremos también en conseguir que se haga todo lo anterior sin circunscribir el rol del mediador a un proceso.

Y es que nuestra propia realidad reclama que nos familiaricemos con las nuevas ADR’s y demás prácticas restaurativas, incluidas las nuevas tecnologías y ODR´s, de manera que ya empezamos a percibirlas como elementos necesarios para la formación del mediador o mediadora que pretenda convertirse en un profesional más completo.

Aún así, en este contexto creo que también es bueno que nos percatemos de que de una forma muy natural, casi espontánea, a pesar incluso de las múltiples dificultades que está conllevando su implementación, actualmente la mediación sigue manteniendo su papel de disciplina “abanderada” entre la proliferación del resto de técnicas y metodologías….¿será quizás porque tiene “alma”?

Mediación una filosofía de vida

Digo esto porque no es extraño que mediadores y mediadoras lo identifiquemos como una filosofía de vida, así lo he manifestado a veces yo misma aunque es algo que en numerosas ocasiones he oído afirmar a otros compañeros y compañeras.…decimos “nos engancha”, “nos cambia”.

Para representar mejor lo que intento explicar tengo que decir que, por ejemplo, reconocí un reflejo de esta idea en un post del propio Tomás Prieto que trataba sobre las diferentes definiciones de mediación de distintos autores.

Pues bien, Tomás nos decía que se puede percibir la unanimidad de los propios mediadores en cuanto a la esencia, objetivo primordial y principios, pero no en cuanto a su concepto, lo que en mi opinión explicaría esa tendencia a identificarla como una filosofía de vida ya que nos resulta mucho más fácil captar su espíritu que concretar de forma consensuada su significado, lo que para mí constituye parte de su dificultad, pero también de su magia.

Personalmente, mi experiencia me ha permitido comprobar que tal y como sucede en la mediación, nuestro rol también puede ir más allá del papel que desempeñamos cuando estamos acompañando a las partes en un proceso.

Y es que los mediadores aprendemos a identificar el conflicto, analizarlo y si hacemos bien nuestro trabajo, incluso somos capaces de prevenirlo.

Trabajamos desde la emoción y usamos la técnica para analizar y gestionar los diferentes efectos que se derivan de la multiplicidad de elementos que configuran una situación conflictiva, manteniéndonos siempre en nuestra intención de conseguir gestionarla de la manera más apropiada.

Por este motivo defiendo sin duda que la amplitud de miras del mediador es útil para desbloquear y resolver el conflicto desde lugares a los que otros profesionales no tienen el deber de ir, pero desde los cuales nosotros sí tenemos la responsabilidad trabajar.

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¿Qué opinan los ciudadanos de la Mediación? | Diario de Mediación

Nuestra Profesión

Creo que también por esta causa somos muchos los que reconocemos que la mediación ha conseguido impregnar nuestras vidas, pero también nuestra “otra profesión”, porque desde ella hemos experimentado la utilidad de tomar distancia de los conflictos, incluyendo los propios, para poder gestionarlos de una manera diferente.

Así que aunque no nos encontremos en un proceso de mediación, a medida que nos vayamos convirtiendo en verdaderos mediadores cada vez nos resultará más inevitable que se nos enciendan las alarmas si detrás de las problemáticas más evidentes conseguimos detectar lo que verdaderamente está impidiendo que se pueda avanzar.

Ante este hecho, creo que como profesionales debemos ser valientes para afrontar esta nueva responsabilidad, teniendo en cuenta nuestros propios límites, planteándonos ante cada caso si  estamos capacitados para responder con los recursos más apropiados, para conseguir afrontar y salvar las resistencias que encontramos en una situación de conflicto.

A pesar de que reconozco que algunos compañeros y compañeras,

. . . a veces perciben este hecho  como una obligación más que como una necesidad, desde esta perspectiva considero que no es malo continuar con la búsqueda personal de nuevos enfoques y recursos, ya que puede resultar muy constructivo orientar esa obligación/necesidad de “formación continua” como una herramienta para añadir nuevas capacidades que nos mejoren y permitan que el “rol del mediador” que particularmente ofrecemos sea cada vez más completo.

Sin embargo, también creo que con independencia de las técnicas que apliquemos, es fundamental que nos encarguemos de preservar nuestra visión mediadora, ya que en caso contrario podríamos llegar a desvirtuar nuestra función hasta tal punto que perderíamos la capacidad de reconocernos, lo que sin duda nos ubicaría fuera de nuestro rol.

Como conclusión,

Me gustaría decir que cada vez me resulta más evidente la necesidad de nuestra sociedad de contar con recursos que sean no solo reactivos, sino preventivos, pero que sobre todo se mantengan de alguna manera conectados con la humanidad del conflicto, ya que es algo inherente a nuestra naturaleza, como recientemente nos recordó Inma Gabaldón, de MediAcción, cuando recientemente fue entrevistada en ese mismo balcón.

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Por todo ello, sinceramente no puedo evitar tener la sensación de que la sociedad nos necesita,

. . .de que nuestra “existencia” en todo este entramado tiene un sentido, aunque creo que en las actuales circunstancias no podremos ayudar a los demás si no nos ayudamos a nosotros mismos, por lo que quizás un primer paso sea promover nuestra propia resiliencia desde las posibilidades que tenemos actualmente como mediadores y mediadoras, pero principalmente desde las posibilidades que deberían tener todas las personas que se ven afectadas por un conflicto en este tiempo, que justamente sin duda por este motivo también es “nuestro tiempo”.

 

Paloma Lavandeira

Girona, 7 de junio de 2018.

 

 

 

 

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Paloma Lavandeira
Abogada y mediadora, especialmente “interesada en” y “dedicada a” conseguir la prevención, gestión y resolución del conflicto por la vía que pueda resultar más apropiada. Especializada en los ámbitos de Derecho Civil, Mediación Familiar, Comunitaria y Mercantil, soy miembro de la Comisión de Mediación del Ilustre Colegio de Abogados de Girona (ICAG), de la Comisión de Mediación del Consejo de Ilustres Colegios de Abogados de Cataluña (CICAC) y del Grupo de Trabajo de desarrollo del convenio “Girona Mediació” suscrito por UdG, ICAG, el COPC-Delegación de Girona, CTSCAT-Delegación de Girona y la Cambra de Comerç de Girona. Compagino mi propio despacho profesional, desde el cual gestiono el centro “Ace Girona Mediació”, con diversas colaboraciones con otros bufetes.
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5 comentarios en “Es el tiempo de los mediadores y mediadoras

  1. En estas líneas que acabo de leer son altamente significativas.No les sobra nada y las comparto en su totalidad.Parece como si los mediadores,estuviéramos intencionadamente olvidados y necesitamos con urgencia una estatuto para velar por nuestros derechos,sobre todo económicos porque en múltiples ocasiones se nos quiere identficar con la voluntariedad y filantropismo.También un código deontológico.A nivel personal,puede ser que hagamos de la “otra ” profesión nuestra filosofía de vida porque objetivamente la mediación me atrae,me convence, pero resulta muy complicado ponerla en práctica.Si se puede entender por Resiliencia en cierta manera en Resistir ciertas experiencias muy impactantes,continuaré en la Resistencia,aunque no tenga la posibilidad de demostrarlo,sencillamente por una sóla razón:creo en la mediación.

    • Le agradezco su participación en el post a través de este comentario, que por otro lado, yo también comparto. No es una necesidad, es una urgencia. Gracias ¡¡

      • Hola Fernando:
        Muchas gracias por reflejar otro de los aspectos de nuestra realidad. Estoy de acuerdo con que actualmente en gran medida resistimos porque creemos en la mediación.
        Supongo que el hecho de que como mediadores seamos capaces de percibir la necesidad de que exista junto con el resto de ADR’S, prácticas restaurativas, nuevas tecnologías y ODR’s nos da la fuerza necesaria para seguir creyendo en ella.
        Personalmente no me parece sostenible que podamos avanzar mucho si tenemos que estar siempre en un estado de permanente resistencia, no lo veo sostenible.
        Por eso justamente quería transmitir la idea de que quizás ha llegado el momento de ir más allá y de que como colectivo debemos creer también en nosotros mismos, en la fuerza que tenemos, o mejor dicho, en la que deberíamos tener y reclamarla.
        Me gustaría que desde esta perspectiva se nos abrieran nuevos caminos. Así lo espero realmente!
        De nuevo gracias. Un saludo!!

        • Yo creo que deberíamos pasar de un estado pasivo a ser reivindicativos hacia nuestro representantes y legisladores. Con pocas modificaciones normativas se podría hacer mucho bien por la implementación de la mediación. Lo triste es que mientras nos debatimos entre nosotros de evento en evento, mientras nos quejemos los unos a los otros y nadie haga masa crítica, y nadie empiece a molestar a los que toman las decisiones, no vamos a salir de nuestra espiral agónica de la mediación para los creyentes de la mediación. Resulta ya cansino y agobiante este impas, y así llevamos algunos una década casi. La unión hace la fuerza, pero ¿dónde está esa unión?. . #SembrandoMediacion

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