La Moda Restaurativa

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Desde el Poder Judicial parece ser que llega “La Moda Restaurativa”

colaboración

Salvador Madrid, Abogado y Mediador

Seguir la tendencia, la costumbre o el uso en boga, hoy se lucha contra la uniformidad, la moda de estar de moda. La pretensión de ser uno y distinto al otro. Transmitir por la imagen mensajes imaginarios, difusos, la androginia, la apariencia de ser lo que no se es. La humareda de colores, y palabras, muchas a veces, y pocas otras y recortadas repetitivas.

La moda, “la mode”,

. . .el hábito repetitivo o reflejo, como el cristal de espejo, contagioso, imperante, identificativo, la corriente social. La moda debe ser un reflejo de su sociedad, aunque por medio de ella se pretenda distorsionarla. La moda debe ser una expresión también de libertad de pensamiento. El vestido como una exteriorización de tu personalidad, y se evoluciona con los años, con la categoría social, con la ubicación, cultura…la importancia del look, de la imagen, hasta el punto de poder categorizar a la persona.

¿Y cuál es la moda en la justicia?, pero ¿tiene moda la justicia?

¿Tienen que estar de moda los derechos?, pero si son traídos cotidianamente a los estrados, son su jugo, su esencia, la razón de ser de ella, sin derechos no hay justicia, y sin justicia no hay derechos ejercidos.

Como un árbol en continuo crecimiento y transformación, con hondas raíces, derechos fundamentales, por el simple hecho de ser y estar. Derechos adquiridos por la misma vida y aún después de fenecer.

La justicia como un maniquí al que se le colocan diferentes trajes, se la maquilla, se la designa y nombra con distintos apellidos, como si hubiese parido de muchos padres y madres, y sus apodos. Hoy y ayer, no hace mucho, los mejores vestidos designados dicen que es la “Justicia Restaurativa” y otras tonalidades igualadas, la reparativa, restituida, reintegrativa, pacificadora, conciliadora…y muchas más para su eterna pasarela.

Lo que hoy mola es ser “restaurativo”, lo más chic, lo más guay, lo que está de moda.

En esa moda restaurativa estamos, en los discursos de ponencias y Congresos, desfilar por esas pasarelas de puñetas y estrados, contonear mucho lo de reparar, la confraternización de la víctima y el victimario, en el supremo fín de la concordia reparativa. Como en la política, la palabra bonita y deseada que no falte. Como esa moda que se pone de moda solo en las pasarelas.

Y las sentencias siguen siendo retributivas,

. . .sin terceras vías, castigo y años de cárcel, cuantos más mejor. Quizás es que hay delitos que solo merecen ser retribuidos, como aquél “ojo por ojo”, “hecho por cárcel”. Y la marabunta se echa a la calle exigiendo más años de privación de libertad, incluso algunos de esos que en sus enseñanzas proclaman el nuevo paradigma.

Desde aquélla primera sentencia restaurativa en aquélla perdida localidad de Ontario, en 1974, y que se aplicaba a dos jóvenes vándalos. Lo que no se dice es si tuvo algo que ver en esa renombrada “sentencia restaurativa “el reencuentro por primera vez de Paul McCartney y John Lennon desde que se separaron los Beatles.

..

Dicen que de esa reunión nació la canción “A Toot And A Snore In 74”, que también dicen se editaría en un álbum pirata en 1992.

Los dos jóvenes vándalos de Kirchner repararon todos sus daños, luego no sabemos si se licenciaron en derecho, fueron hombres de provecho, o si lograron o no su completa reinserción. Porque claro, con reparar no basta, si las estructuras individuales no se modifican.

Se trazó el camino, porque siempre tiene que existir un icono que ilustre la senda, aunque la senda quede desierta y solo sea permanente en las pasarelas de moda.

Pero señoras y caballeros, dicen que la moda es algo pasajero, que va y viene a su antojo, o a los antojos de esos comerciantes del negocio, y por eso es caduca y temporal.

La eterna pareja disociada, el crimen y la justicia, en constante coexistencia en el humano.

El crimen, esa reacción violenta de un conflicto y la justicia como la dama que le da respuesta. Y el hombre que se ha debatido en su historia en ver qué tipo de respuesta es la válida, y sus trajes de moda, a sus fines, y en sus armarios ya la mera venganza por el dolor causado a una víctima, ni la prevención como ejemplo, ni el castigo por el castigo por la infracción objetiva de una norma.

Trajes todos y más, pasados de moda, porque ahora se habla más que nunca, o como siempre en algunos determinados lugares y tiempos, de que lo que más luce es la reparación, o la restitución, y algunos entendidos, diferencian lo uno de lo otro, como esas tonalidades de grises o azules.

“Jota Erre”, algunos la escriben así;

. . . pero antes de eso fue una satírica novela de más de mil páginas de William Gaddis, de cómo el mundo se basa mucho en el ruido, en la imagen, aprovechando el caos de la ficción se pueden crear imperios de papel: “¡Por qué la gente va y roba, infringe las leyes para coger todo lo que pueden si siempre hay alguna ley, que puedes ser legal y cogerlo de todas formas!”; “Si al final algunos van a entender que si reparas todo está arreglado.

Pero aquí me refiero a otra “Jota Erre”,

A la Justicia Restaurativa, que no a la retributiva (Jr), las definiciones son como las lindes, o como los nombres, identifican a las cosas o las delimitan acortándolas.

Pues G. Bazemore y L. Walgrave la definían como, toda acción orientada principalmente a hacer justicia, a través de la restauración o reparación del daño causado por el delito”. Simple. Quizás. Cuando existen muchas otras definiciones más complejas, pero en todas debe aparecer la palabra reparar. Incluso, otros, la designan como la tercera vía a la pena y a la medida de seguridad.

Nos han enseñado que el delito ofende al individuo, primero, que no al orden jurídico, que es después. Porque lo del bien jurídico protegido es otra cosa y de larga enjundia.

Se superó aquello de la retribución, del castigo,

. . . ni sirvieron los modelos de rehabilitación ignorando la libertad del individuo en querer o no rehabilitarse, esas pasarelas del derecho pasaron de moda, como otras tantas. Y el derecho penal es como ese animal salvaje indomable, en constante replanteamiento de sus principios, porque sirve a la justicia, y la justicia también es una eternidad en su concepto.

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Y hay tiempos donde se escuchan más que en otras ciertas palabras,

. . .que parece que están de moda, como si se hubiesen descubierto, o renacidas, y son manoseadas, como se toquetean las delicadas plumas de un ave que acaba desplumada, y las palabras quedan sin contenido, vacuas, sonando falsas, desfiguradas, y aparecen hasta indigestas de tanto ponerlas en las mesas, de tanto repetirlas se convierten en prendas de moda, de simple pasarela de lucimiento ocasional.

La Justicia restaurativa no es un nuevo paradigma,

. . . porque tampoco es una ciencia, aunque suponga un nuevo enfoque de justicia, y más posibilidades tienen sus prácticas de cambiar mentalidades que resocializar delincuentes. No hay nada peor que poner de moda una filosofía. O casi nada peor.


Gracias a Tomás Prieto por darme la oportunidad de publicar en Amediar, que se ha convertido en uno de los más importantes portales de difusión de la mediación a nivel internacional.

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Tomás Prieto
Servicios de Mediación Familiar, Social, Civil y Mercantil es un gabinete de Gestión de Conflictos que pretende consolidarse en Granada como uno de los primeros gabinetes multidisciplinares en Mediación. También en . y escribo El Mirador. Director de Contenidos en Logic Cost Abogados

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