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Violencia contra la mujer & violencia de género

by Redacción AMediar News
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Violencia contra la mujer : una lacra social de difícil tratamiento.

 

Susana Lorente Velasco

Susana Lorente Abogada. Dra. en Derecho Penal.

El término violencia de género es una traducción del inglés “gender violence” que comenzó a usarse de manera más extendida a partir de los años 90, momento en el que se produjo un reconocimiento del problema de la violencia que históricamente venían soportando las mujeres. Dicho reconocimiento llegó impulsado por una serie de acontecimientos históricos de gran calado, como la Conferencia Mundial para los Derechos Humanos de Viena (1993), la Declaración de Naciones Unidas sobre la eliminación de la violencia contra la mujer (1994) y la Conferencia Mundial de Mujeres en Pekín (1995), donde las mujeres acuerdan utilizar el término “violencia de género”.

El auge de dicho término llegó a España en 2004,

. . . con la aprobación de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Esta denominación no estuvo, ya entonces, exenta de polémica, pues la propia RAE expresó su descontento con el término poniendo de relieve la incorrección léxica de dicha designación. Como propuesta, apuntaba a la mayor idoneidad del término “violencia doméstica”. El principal argumento para sostener dicha denominación se viene fundando en la necesidad de poner el acento en una violencia sufrida únicamente por el hecho de ser mujer.

Ciertamente, el origen del problema penal tiene que ver con un componente de machismo latente, sobre todo cuanto éste se presenta en el núcleo familiar, pero sin que pueda obviarse, que dicha violencia puede aparecer con muy diversas caras, mereciendo especial atención, igualmente, la violencia ejercida por padres, tutores o cuidadores frente a menores o incapaces o la que sufren ancianos y personas especialmente vulnerables, realidad social aberrante que, lamentablemente, en la actualidad cuenta con muy escasa repercusión mediática.

A nuestro modo de ver,

. . .sigue siendo preciso luchar con medidas adecuadas (penales, educativas, sociales) de manera incansable frente a esta lacra social pero no bajo términos que fomentan la confusión, la discriminación y, en definitiva, la inidoneidad.  Estamos ante una violencia que no tiene su razón de ser en el género entendido desde la perspectiva puramente biológica, sino más bien en una mal entendida superioridad, en un afán de dominación y de sometimiento.

“Hablar de violencia de género supone dejar fuera del concepto todas aquellas que afectan al núcleo familiar y que se presentan con apabullante frecuencia en nuestra sociedad actual como consecuencia de la desestructuración de las familias y de la progresiva pérdida de valores que nos aqueja, y a su vez, dicho término excluye también otros matices violentos o discriminatorios que se pueden sufrir por el hecho de ser mujer en contextos laborales o sociales alejados del propio núcleo familiar pero que también requieren de un especial tratamiento.”  

Violencia & Género

Ciertamente, se trata, en la mayor parte de los casos, de una violencia que no encuentra su origen en cuestiones exclusivamente de género, sino en aspectos mucho más complejos e interdisciplinares, que guardan una estrecha relación con un erróneo, abusivo e indebido concepto de las relaciones personales, con un sometimiento excesivo a la voluntad y la tiranía ajena, con una falta de autoestima y de seguridad personal que resulta aprovechada por quienes sienten la imperiosa necesidad de imponerse, de dominar, de manejar los sentimientos ajenos. Pocas veces esta violencia aparece de improviso, pues en la mayor parte de los casos crece de manera solapada y progresiva y lo que comienza como una falta de consideración o una exigencia injustificada hacía el otro, termina convirtiéndose en una actitud intolerablemente posesiva, dominante, humillante, degradante de por sí, atentatoria de casi todos los derechos personalísimos de la víctima e incluso, en los casos más graves, de su propia vida o su integridad física.

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El uso indiscriminado de los términos sexistas no es, en absoluto, una solución deseada al problema.

Abordar un asunto de semejante complejidad requiere acudir a la interdisciplinaridad de la Criminología, lo que implica la necesidad de prevenir y de tratar desde vertientes educativas, culturales, sociales, y por tanto, no exclusivamente penales, un asunto que sigue siendo una execrable lacra y en el que parece que en lugar de avanzar sólo provocamos peligrosos “efectos rebote”. La criminalización del hombre por el mero hecho de serlo, el manejo por los medios de comunicación de la terminología derivada del género no suponen un adecuado método de protección a las víctimas.

No parece que la lucha deba basarse en claves biológicas sino más bien culturales, educativas y sociales. En definitiva, estamos tratando una violencia de superioridad, bien sea por cuestiones sentimentales o pasionales que colocan al agresor en una situación privilegiada para someter a quien se siente doblegada emocionalmente a él, o bien porque desde una perspectiva social e incluso física, el rol de victimización le viene, inexorablemente, impuesto a la víctima.

en los etados unnidos las violencias no tienen género

Laura Rojas Marcos, Pscicóloga y psicoterapeuta … leer más.

Contra la violencia frente a la mujer hay que luchar,

. . . ante todo, educando, enseñando y formando no sólo al hombre sino también a las potenciales víctimas: a las mujeres. Relaciones sentimentales desarrolladas, en ocasiones, en etapas de pura inmadurez, enganches emocionales precoces e irracionales que llevan a la persona a sentirse sometida, amarrada, dependiente emocionalmente y doblegada, son en muchos casos el germen de unos malos tratos. Chicas jóvenes que aquejadas de un amor enfermizo afirman “si me dejara no podría vivir”, esas chicas son ya potencialmente, víctimas de lo que damos en llamar “violencia machista”. Y es que, luchar de otro modo, supone, inevitablemente limitarse a visiones sesgadas del problema.

El Derecho Penal nunca es una solución por sí mismo,

. . .pues supone un grave error dotar a las medidas penales de más expectativas de la que realmente pueden cumplir. La pena es retribución, es prevención general, intimidación y advertencia social y por supuesto, es prevención especial, tratamiento, neutralización y métodos de aplicación localizada pero, en ningún caso, satisface las exigencias que derivan de un problema que por ser complejo, persistente y de amplio calado, exige valorarse e intentar atajarse desde perspectivas mucho menos condicionadas o limitadas, más completas e interdisciplinares que analicen realidades sociales concretas y se alejen de roles preestablecidos y de victimizaciones, y por ende, criminalizaciones perniciosas y estériles.

Última Ratio

Ha de partirse de que el Derecho Penal por su propia naturaleza y por su condicionado de intervención mínima o de última ratio, siempre llega tarde. Su utilidad se debe ceñir a vertientes reparadoras, retributivas y neutralizadoras, pero, teniendo muy presente que su valor como sistema de prevención no debe supra valorarse, pues a pesar de que la ley penal ha previsto un gran número de medidas para intentar erradicar esta violencia, muy especialmente las de índole procesal que con carácter cautelar se afinan en la protección a las mujeres, los cierto es que no se alcanza con ello la deseada solución pues lamentablemente los hombres siguen matando y las mujeres siguen estando vulnerables.

Por eso, partiendo de la imprescindible  intervención del Derecho Penal, cabe preguntarnos si ello es suficiente para erradicar el problema. No debe menospreciarse, en este sentido, aquella otra vertiente de Justicia quizás menos reparadora y retributiva pero más restaurativa. El uso de medidas más próximas a la mediación penal (especialmente vedada por la ley en esta materia), a la educación, a la interrelación de otras disciplinas sociales, pudiera ser –junto con el Derecho Penal– una herramienta preventiva más eficaz contra, lo que constituye, una lacra social de difícil tratamiento.

 

Dra. Susana Mª Lorente Velasco

Abogada y Criminóloga. Profesora De la Escuela de Prácticas Jurídicas de Granada

Justicia restaurativa: otro modelo de hacer justicia”

Mesa redonda organizada por la Fundación Pablo VI (23 de noviembre de 2011).
Han intervenido: D. Andrés Martínez Arrieta (Magistrado de la Sala II del Tribunal Supremo), D. Antonio del Moral García (Fiscal de la Sala II del Tribunal Supremo) y Dª Pilar Sánchez Álvarez (Abogada y Mediadora).

 

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4 comentarios

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R.S.de la Torre 29/03/2015 - 18:58

he leído con atención tu artículo, y debo decir que estoy de acuerdo con él, en el contenido, pero no en el continente y me explico. Toda esta Ley ya nació viciada, con equivocaciones de gran calado y sobre todo, por la presión a las tres y media de la mañana del lobby feiminista, ya que el anteproyecto de ley se llamaba de violencia doméstica. Sin embargo se le bautizó con alevosía de género. Ante esto, yo elevo una pregunta, las personas tenemos género? Yo quiero pensar que no. Tenemos sexo, sin embargo en un intento de enmascarar problemas sociales más soterrados y con ello contentar, primero a ese lobby poderoso, y después a otros colectivos que más tarde se vieron nuevamente arrinconados y discriminados. Ya en el año 2005, y perdón por la autocita, publiqué un trabajo desde el punto de vita criminológico poniendo de manifiesto varias cuestiones de gran calado, como la posible inconstitucionalidad de dicha ley por conculcar entre otros al art. 14 ya que sólo pueden cometer este delito los hombres, por el simple hecho de serlo, (lo que supone instaurar un derecho penal de autor al más puro estilo del nazismo), y si queremos una protección más eficaz no este el camino, máxime cuando en esos años se “legitimaba” el matrimonio homosexual y por tanto quedaba fuera de esta mala ley.. Y no podemos olvidar, que una mujer sólo es más débil por así decirlo, desde el punto de vista fisiológico, pero esto en las personas por suerte, no es suficiente y por tanto, tienen posibilidad de defensa, con el derecho penal que teníamos con anterioridad era suficiente a mi juicio. Porque existían figuras suficientes que cualificaban el tipo penal. Sin embargo, esto no es todo, que pasaba ccon las víctimas “reales” de toda esta tragedia, los niños y los ancianos? sin posibilidad de defensa efectiva, los obviaba. Por último, por el mero hecho de tratarse de un problema social, por tanto humano, su abordaje es muy complejo y las posibles explicaciones que nos dieron en base a factores exclusivamente educacionales es reduccionista, ya que ni somos un país tan machista como se nos contó, ni somo los únicos. Basta con compararnos con países supuestamente más desarrollados que nosotros, como los escandinavos para poder ver que lo sufren al menos siete veces más que nosotros, y no por ello se criminaliza al hombre por el mero hecho de serlo.

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Tomás Prieto
Tomás Prieto 29/03/2015 - 19:09

Absolutamente de acuerdo. Nosotros defendemos la derogación de la Ley Integral de de Violencia de 2004,porque entendemos que además de criminalizar al hombre por su género, hace que la violencia entre en una espiral enquistando el conflicto. No hemos adelantado nada en los últimos diez años. Existen intereses espúreos en mantener la lucha contra esta lacra social desde posiciones de Política Criminal perjudiciales para las mujeres y en definitiva para la sociedad.

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María F. Melcón
María F. Melcón 13/03/2019 - 15:27

Felicidades a la autora, por su profesionalidad para tratar un tema tan delicado. Saludos

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Tomás Prieto
Tomás Prieto 13/03/2019 - 15:46

Muchas Gracias por el comentario, así se lo haremos saber. Saludos Cordiales

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