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¿Y por qué no nosotros?

by Tomás Prieto
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¿O Tú o Yo? ¿Y por qué no un Nosotros?

 

Foto de Perfil

Inmaculada Romera. Trabajadora Social y Mediadora.

Dice Paulo Coelho:

“Lo que ahoga a alguien no es caerse en el río, sino quedarse sumergido en él. Y cuántas veces, hemos tenido tropiezos en la vida, más sabiendo que en el camino nos vamos a ir encontrando dificultades que nos hacen más complicado el seguir adelante. Quizás, sean esas piedras las que más arrojo nos den a la hora de continuar, de fortalecer nuestro aplomo y de intentar no volver a cometer los mismos errores, de aprender, que en definitiva, en eso consiste la vida.

Pero no podemos olvidarnos de ser realistas,

. . .ya que sabemos que en los tiempos que corren, donde las máquinas se vuelven más sensibles, detectan movimientos y casi adivinan lo que vamos a pensar, el ser humano se vuelve más indiferente, más insensible a lo que le rodea, y qué curioso, que lo que más nos rodea son personas, que sufren, padecen y sienten igual que nosotros. Si nos paramos a pensar, casi todos los problemas, se solucionarían escuchando, que no es lo mismo que oír.

Escuchar es una acción llena de contenido.

Nos hemos olvidado de escuchar a los demás y a nosotros mismos. Y muchos de los malos entendidos, conflictos y problemas son fruto de no ser capaces de detectar qué es lo que nos ha llevado a la situación. O de haberla dejado pasar tanto tiempo sin tomar medidas que al final, lo que podría haberse solucionado de forma más sencilla, necesita de acciones profesionales.

Las suposiciones, 

. . .los malos entendidos y el volverse egoísta, priorizando sobre ese “yo” que con su ego oculta las necesidades del otro. Muchas veces se llega a esas guerras de palabras, de sin sentido, de odios, por no haber cedido, por no haber entendido y comprendido que la otra parte, también requiere de alguien que le escuche y le comprenda. Otras veces, somos nosotros mismos los que dejamos que sean los demás los que decidan y cuando te das cuenta de que te has dejado ganar te rebelas, y es ahí donde las luchas de poder se confrontan. Y como en cualquier guerra, todos pierden.

Quiero hacer especial hincapié en el mediador,

. . .esa figura que se queda en medio del partido, que orienta y escucha, que pone sobre la mesa de negociación las alternativas para que todos ganen. Y no es un extraño al que se le cuentan los problemas para que los arregle, o un terapeuta o psicólogo que escucha y receta pócimas prodigiosas que vuelven a recomponer las relaciones rotas. Tampoco es un mago que soluciona el conflicto con una mano mágica. Es un profesional que tras escuchar y hacer ver en qué punto se encuentra todo, sopesa las alternativas y deja a la voluntad de cada una de las partes que decidan.

Nos sucede todos los días.

Lo hacemos muchas veces hasta de forma inconsciente. Y sinceramente, creo que está en la propia naturaleza humana el mediar, el intervenir cuando vemos que las cosas no van bien, el actuar antes de que una de las partes, o puede que tal vez las dos, rompan definitivamente los lazos que las unen y con ello, cualquier posibilidad de restaurar, de intentar poner un acuerdo.

Y es que el mediador tiene, no solo que saber lo que hace, sino a lo que se enfrenta. No puede tomar inclinación, sino que tiene que mostrarse como una balanza, dejando que todos hablen y pongan los motivos. Y es ahí, donde entiendo que está la verdadera labor de un gran profesional: el hacer que todas las partes implicadas en el desarrollo del conflicto escuchen y comprendan a los demás, empaticen y cómo no, sean capaces de en voz alta, darse cuenta de que si se quiere, el acuerdo, siempre va a ser beneficioso para todos.

Si nos preocupáramos más de unir, de sumar, en lugar de dividir, nos daríamos cuenta que el “tu” o el “yo” por separado, no tienen tanta fuerza ni tanto valor como un “nosotros”.

Los conflictos se van a seguir sucediendo,

. . .eso es más que probable. Nos falta tiempo para escuchar, nos volvemos egoístas al no comprender, y nos ponemos en ocasiones gafas que nos impiden ver más allá de los cuatro pasos que nos quedan que dar por delante. La vida nos empuja a vivir rápido, a competir por ser los más fuertes y los mejores.

El amor podrá resurgirnos de nuestros infiernos o transportarnos a paraísos efímeros. Podremos volvernos poetas o simples peregrinos de mochila a cuestas. Nos faltará tiempo para todo y nos sobrarán ganas cuando queramos conseguir algo. Y llegará un día, porque esos días siempre llegan, en los que nos sentaremos y nos daremos cuenta de que por falta de intención, de empeño y de medios, hemos perdido o estamos a punto de hacerlo, porque cuando dos entran en conflicto, cuando no les ponemos remedio, cuando damos por finalizada la batalla antes de sacar el pañuelo blanco, cuando nos abandonamos a la desidia, tenemos una puerta abierta, una lucecita pequeña que nos puede iluminar en ese último aliento si se ponen intención y ganas. Y no es más que la mediación.

Empecé con las palabras de Paulo Coelho.

Y no puedo estar más de acuerdo. El mediador va a ser esa cuerda a la que agarrarnos cuando creamos estar ya a punto de ahogarnos, ese punto de ayuda, porque estoy segura de que puede que no todo tenga arreglo, quizás, las cosas, una vez se rompen, no quedan de igual modo. Una vez que se va el amor, uno no puede aferrarse tras él para recuperarlo. En caso de ruptura, siempre queda la oportunidad del diálogo, de la comunicación en positivo para no hacerse daño, para buscar las mejores salidas posibles de forma pactada y ahí, como especialista, como profesional, está el mediador. Creemos en ello. Por eso trabajamos. Y por eso resolvemos.

Inmaculada Romera, Trabajadora Social y Mediadora

 

 

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